Economía

Movimiento financiero durante el Carnaval

Tiendas y supermercados son abarrotados por compradores de hieleras, vasos, bebidas espirituosas y todo lo esencial para animar las fiestas que muchos panameños espera con ansias.


El engranaje financiero de la nación rueda de acuerdo con las circunstancias.

Hay épocas, con determinados movimientos económicos, donde las mercancías tienen mayor aceptación. Por ejemplo, al inicio y durante el período escolar, la gente acude a los almacenes que venden útiles dedicados al aprendizaje, intentando garantizar a sus hijos los elementos necesarios para que su educación sea el nutriente intelectual que los despojará del marasmo social y permitirá un futuro halagador.

Durante las fiestas dedicadas a honrar a la patria las características de las ventas son los objetos que requieren organizadores o participantes en los actos que se realicen como tributo a la república entre los que destacan banderas, afiches, estandartes, carreteras, uniformes de corte militar e instrumentos musicales.

 

Cuando llegan los acontecimientos de fin de año ??"día de la madre, navidad y año nuevo ??" los compradores, embriagados de entusiasmo, invaden los centros comerciales donde venden juguetes, ropa, artículos varios relacionados con la época y, especialmente se premian el paladar comprando comidas relacionadas como jamones, pavos, frutas y los condimentos necesarios para sazonar la cena de la época.

Pero ahora que redoblan tambores, suenan trompetas y maracas, anunciando la aproximación del Carnaval, cambian los hábitos de los compradores que recurren a la adquisición de objetos totalmente diferentes a los de otras celebraciones.

Para el panameño el carnaval, con toda su rumba y sandunga, es especial y el gobierno que intente eliminar este relajo organizado ¡se cae!

 

El Carnaval es parte de nuestra idiosincrasia, de tal manera que se ha convertido en ritual farandulero que se practica en todos los rincones del país y la festividad se convierte en pretexto para hacer cosas que las personas en tiempos normales no cometerían, verbigracia pintarse las uñas, vestirse de mujer, disfrazarse de gorila, caníbal o payaso, dejando evidencias que en el pensamiento de cada uno hay un deseo de ser algo de eso que intentan imitar.

Las ventas, antes, durante y poco después del carnaval, son diferentes a las que se efectúan en las otras fiestas del país. Para los comerciantes está zafra preñada de alegría no la detiene nadie. Es el tradicional jolgorio para despilfarrar dinero en morisquetas.

La gente exige licores y las ventas se triplican porque son estupefacientes que alegran corazones, sepultan inhibiciones aunque algunos pierden el control y se convierten en más machos o menos machos.

 

El hielo es indispensable; fundamentalmente importante para enfriar aquellos líquidos que calientan el espíritu y empujan hacia el desenfreno.

Tiendas y supermercados son abarrotados por compradores de hieleras, vasos, bebidas espirituosas y todo lo esencial para animar la "chupata".

La venta de combustibles aumenta de tal manera que las gasolineras temiendo quedar desabastecidas llenan sus tanques para poder surtir a los conductores, muchos de los cuales van "para Las Tablas, tu rás".

 

Aumentan movimientos en las casas de empeños visitadas por prestatarios que desean dinero para parrandear y, alegres unos y tambaleantes otros, acuden a fondas y sitios de comidas rápidas gente buscando un bocado para saciar su hambruna.

En cuanto a las vestimentas, los parranderos buscan la gorra especial, la camiseta "pifiosa", el pantalón largo o corto pero que sea cómodo. Las damas adquieren la blusa escotada o el traje que aumente o haga más visibles sus encantos para que no olvidemos que Panamá es el único país del mundo donde no hay mujeres feas.

Toallas, sandalias, zapatillas, vestidos de baños y otros enseres son buscados con avidez para disfrutar un día de sol y playa después de habernos entonados en los llamados "culecos".

Esta es la locura del Carnaval donde el dinero con esquizofrenia financiera salta de una mano a otra salpicando a todos. Es la fiesta donde el panameño se divierte con frenesí; olvidándose de sus problemas y promesas de mejores días que ofrecen Cuchungo, La Chola y Ricardo, aunque es consciente que esta alegría es pasajera y una vez termine deberá enfrentarse a la vida y sus avatares que lo mantienen económicamente magullado, pero a pesar de la crisis financiera ¿ por qué no cerrar con una nota de humor?. Decía un amigo: "si caigo durante el carnaval, besen la botella de ron y sigan chupando.

El autor es periodista


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333107
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América