Las acciones de la compañía británica Vodafone Group subieron ayer a un máximo en siete semanas, después de que analistas de Deutsche Bank fueran los más recientes en hacer comentarios optimistas tras una reunión con administradores, dijeron operadores.
El Tribunal de Arbitraje de Moscú rechazó una solicitud de Yukos de detener la ejecución de la sentencia judicial que obliga a la petrolera a pagar 3,400 millones de dólares. Los representantes de la petrolera solicitaban congelar la sentencia hasta que sea examinada su apelación del embargo de las acciones.
Sin embargo, el Tribunal de Arbitraje de Moscú rechazó la solicitud de la compañía de detener una sentencia que le obliga a pagar 3,400 millones de dólares por impuestos evadidos en 2000.
El temor de los mercados es que una quiebra de la compañía rusa reduzca en alrededor de 1.7 millones de barriles diarios de crudo el nivel de oferta global en momentos en que la demanda es elevada. Tantas cosas de ayer, tantos escombros
de moluscos galantes contra el frío
de chalupas y costas encalladas
con las redes dormidas, marineras! VIII
musgos, en el candil ultramarino
de un caracol de nácar que consume
celestes óleos de fulgor mojado. Brincan delfines por las glaucas dunas
y desaferran, crueles, los faroles,
las rocas, las sardinas, las guitarras,
y el deslumbrante toro del vacío. Cómo nos duele el aire en la pregunta
que la garganta esconde y desafina,
con tormentosos hielos encendidos
y pescados de colas en salmuera.
y tritones con remos como lirios
hunden también su voz en las arenas
buscando estrellamares y memorias. Ni aún los marineros son iguales
en esta sobremesa sin claveles,
que resucita rostros flotadores
y barcarolas de rubí dormido. Un lucero de plata, fiel grumete,
de su neptuno mirador divisa,
cristalino tropeles de hipocampos
abordando a estribor el fondeadero.
leños entre las jarcias, desprendidos,
y el roce de los náufragos tan suave
como el célico anís de la memoria. ¡Cuántas manos ardiendo en los cantiles
con pulseras de azufre y hielo! ¡Oh cuántos
torsos con el ardor ya moribundo
sobre las deshojadas madreperlas!
en sótanos de espumas carceleras,
como una mariposa de relámpagos
fría entre ramblas de coral dormido. Te miro y me pregunto donde viene
esta raíz que de la tierra sube,
y el marfil que acalora tu figura
con volanderos pájaros marinos. Espanto de sentirte por la sangre,
huéspeda tutelar en las moradas
remotas que los ojos adivinan
con celestiales órbitas isleñas. En esta soledad, aunque distante
de los iluminados farallones,
el fuego que nos une nos separa
con sus gélidos yodos de berilo. X Bajo un cielo de azules golondrinas
la sombra asciende con sus pies de escamas
y transfigura el monte, centinela,
rondando entre portales de rocío. Ciudad de callejones inclinados:
púdica flor de marineros pétalos.
El pulso de la rada, detenido,
con el aire sin luz no se conforma. Duerme la madreselva y en los parques
el niño del briol muere de frío
con una vela roja entre las manos,
ajada flor de plumas salineras. Por la rampa del sur la lluvia llora
en los fustes del templo, sostenida.
El dulce mar Pacífico la escucha
sin mover una sola verde ceja. Alza la frente Dios y sus argollas
de luceros amargos palidecen
los últimos escollos navegantes
y el surtidor de estelas enfadadas. Distante, una canción, rompe las hojas
del árbol de la noche, ventolina,
y tres mangos de sombra, tres doncellas,
en lecho de espolines se desmayan.