Los porteños volvieron a mostrarse ayer entre resignados y desorientados en Buenos Aires, con colas en los bancos, pero con los bares, negocios y paseos de compras vacíos, en el segundo día del plan de duros controles, como la limitación para extracciones bancarias."
La gente está como paranoica, sólo paga con tarjeta, pero es evidente la diferencia entre la semana pasada y esta", se lamentó Marcela, vendedora de un negocio de ropa de mujer y artículos varios, quien sin embargo, consideró que está situación "será hasta que la gente se acostumbre, la gente prefiere esperar, finalmente todos nos acostumbramos".
Un encargado de un negocio de ropa de hombres en una galería comercial describió lo que era una evidencia a la vista: "Acá en la galería no hay nadie, es una cosa terrible", aunque atribuyó la falta de clientela a "la situación de recesión en general, por la que la venta está muy retraída. No sabemos si vamos a subsistir", advirtió.
El Gobierno impuso desde la víspera férreos controles y regulaciones, entre ellas un tope de extracciones bancarias semanales de 250 dólares, para evitar una fuga masiva de capitales que estaba gestándose por la desconfianza y el temor a una confiscación de los depósitos o una devaluación. Los argentinos, poco acostumbrados al uso de la tarjeta de débito y los cheques, no tienen claro aún cómo resolverán en su vida cotidiana la falta de efectivo.
En el centro de Buenos Aires, siguió el incesante movimiento de gente que entraba y salía de los bancos, en tanto que en muchas entidades se formaron largas filas de gente entre resignada y desorientada, con más consultas que dinero.
También hubo atascamientos en los cajeros automáticos, para sacar dinero, mientras que los bares y casas de comidas se veían más vacíos que nunca y algunas personas decidieron reducir el cafecito diario para no gastar el poco efectivo con el que podrán contar."
Todo esto es una complicación, nos encontramos bastante trabados, pero veremos cómo nos vamos armando hacia adelante. Si es para evitar un colapso seguimos apoyando, no nos queda otra", resumió un comerciante del centro de Buenos Aires que no había tenido ni un cliente en las primeras horas del día.