Para Raisa Banfield no hay un escenario compartido. En su quehacer diario trabaja dirigiendo una organización de corte ambiental y social, denominada Centro de Incidencia Ambiental (CIAM); allí el tema de la minera metálica en Panamá no es discutible o tranzable.
“No hay un escenario menos peor, queremos pensar que el ejemplo existente en la mina de Petaquilla, será el referente para que podamos decir te lo dije, y ahí reaccionemos todos los panameños y digamos no vamos a permitir que esto le pase a nuestro país”, destacó Banfield.
Su convicción contra el establecimiento de la minería metálica en el Istmo, se basa en la probabilidad de que las características de Panamá como país, teniendo 500 ríos, estando a nivel del mar y con suelos muy distantes de ser áridos, es la combinación perfecta para que una contaminación diseminada de la actividad minera llegue a cada rincón donde existe agua.
Para la arquitecta las cartas están echadas. “Minería metálica no” expresa, “sí ves las contaminación en los poblados de Perú o Chile que están cercanos a las minas y cómo su salud se ha visto afectada se te vuelve algo simple, no quiero esto para mis hijos”.
Banfield, es la cara atrás del CIAM, una organización civil que está de frente contra la minería metálica en el país. Sus campañas en la ciudad de Panamá incluyen vallas en las calles, actos culturales y el intercambio de información vía internet con interesados.
“Yo voy a dónde sea, sí me invitan a hablarle a 10 o 20 alumnos, yo voy, porque estamos peleando contra un gigante, el poder económico de las grandes empresas mineras que quieren entrar a Panamá, y nuestra única herramientas son las pruebas que tenemos, los referentes extranjeros y nuestro contacto con las comunidades” indica la ambientalista, deseosa de compartir sus conocimientos.
Los datos.En el CIAM jóvenes profesionales y otros más adultos que van desde catedráticos a entusiastas estudiantes que ingresan al creciente movimiento por el cuidado del medio ambiente de Panamá van rastreándo las pruebas documentales a nivel gubernalmental del desarrollo minero tanto metálico como no metálico que se da en el país.
Entre varios frentes de trabajo, Banfield, que dejó los planos y las mediciones a un lado para dirigir el CIAM y propugnar sus convicciones, dijo que no es una ambientalista radical, sino que le interesa el bienestar del país.
Banfield explica que el aceptar la minera métalica como una política de desarrollo de país es negarle a las demás actividades su crecimiento a lo largo del tiempo, sectores que añade han llevado al país a desempeños financieros notables.
“Con la minería metálica por el tipo de contaminación que crea, lanzando plomo al ambiente al fundir el oro o filtrando substancias a los suelos que lo acidifican al punto de hacer el agua subterránea intolerable al ser humano, se niega la posibilidad de desarrollo de la agricultura, la ganadería e incluso del turismo”, expresa Banfield.
Los estudios de la ambientalista le hacen visualizar un escenario perfectamente inútil de regalías versús la ganancia de las empresas mineras, explica, aunado a empleos temporales que no serán equitativos a los daños permanentes que tendrá el país.
“No se han estimado los costos ambientales y sí se los hicieramos pagar se irían, sí les dices incluso sí tienen experiencia trabajando en un país con las condiciones de biodiversidad de Panamá, que lo hacen rico y a la vez voluble, entonces, te dicen que no [refiriéndose a las mineras] yo no quiero que experimenten con mi país” destacó la directora del CIAM.
Lo peor de todo esto, extrapola la ambientalista, es el hecho de que Panamá no está preparado para fiscalizar actividades como la minería. “Quién verá que cumplan, que no contaminen, que paguen las multas, sí esto es un tirarse la bola entre un ministerio y el otro”.
Al final añade Banfield, “yo rezo todos los días para que el precio del oro se vaya para la porra, para que esto nos de tiempo de prepararnos, porque no tenemos ni poder para regularlos [hablando de las mineras] y aquí hay más de cuatro funcionarios recogiendo beneficios”, cierra la arquitecta.