Economía

¿Nos anclamos en el ALCA?

Este acuerdo promete el abaratamiento de los bienes importados para los consumidores y expandir mercados para los exportadores a lo largo y ancho de las Américas.


La política comercial de las Américas responderá esta pregunta en el 2004. Comenzará por el ALCA (CAFTA en inglés) entre Centroamérica y Estados Unidos. Y seguirá, si el Congreso estadounidense aprueba el anterior, con el resto de América Central, el Caribe y Sudamérica, con excepción del MERCOSUR y Venezuela.
¿Pero se plasmará un ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas) desde la isla Ellesmere en Canadá hasta la Tierra del Fuego en la Argentina? representaría el bloque comercial mayor del mundo. Y las naciones latinoamericanas y caribeñas no tendrían que abandonar sus propios acuerdos regionales.
Pero EU también fijan sus metas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Ronda de Doha, que pretende liberalizar el intercambio global para el 2015, con especial atención en los productos agrícolas.
El ALCA operará igual de despacioso, promoviendo a paso de tortuga el abaratar los bienes importados para los consumidores y expandir mercados para los exportadores a lo largo y ancho de las Américas.
De a poquito los países se especializarían en producir los bienes y servicios en los cuales son relativamente más eficientes, aumentando la productividad de sus recursos y los ingresos nacionales. Igualmente, aumentarían la inversión extranjera y el intercambio tecnológico. Como consecuencia mejoraría los salarios y niveles de vida en todos los países.
Los Estados Unidos representan el 80% de toda la actividad económica (producto interno bruto) del ALCA. Canadá y México suman otro 10%. El MERCOSUR, alrededor del 7%. Y el resto algo como el 3%. Para EU, después de restado sus dos socios en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sólo el 8% de sus exportaciones y el 6% de las importaciones involucran al resto de los países americanos.
Pero algo parecido era su intercambio comercial con México antes del TLCAN, y en 10 años se expandió prácticamente un 70%.
Las restantes naciones del hemisferio, progresivamente podrían acceder al mercado de Norteamérica, el mayor y más dinámico del mundo, con marcada tendencia desde mediados de los 1970 a importar más de lo que exporta, por la situación estadounidense.
Hay que recordar que los Estados Unidos hasta 1970 era un país cerrado que importaba solamente el 4% de su Producto Interno Bruto (PIB) y que nunca llegó a ratificar la Organización Internacional del Comercio propuesta en la Carta de La Habana en 1948, razón por la cual aquélla había tenido que ser abortada. Recientemente sus importaciones constituyen el 12% de su PIB, y fue uno de los países promotores de la OMC en 1995.
En caso de la aprobación del ALCA, la ciudad favorita para acoger la sede de sus organizaciones, con sus aproximadamente 200 empleos directos, será Miami.
Pero, además, el acuerdo es tan abarcador que se crearían trabajos paralelos en sectores como el bancario, el de transporte, el jurídico, etc. Seguramente habrá muchas disputas que dirimir en la sede de esta secretaría.
Entre ellas: las ayudas especiales a los países más pequeños y los asuntos agrícolas (la reducción de las cuotas y subsidios en este sector). Hay que enfatizar nuevamente lo central de este último tema, ya que el porcentaje del producto agrícola en el total es del 7% en América Latina, y su participación en las exportaciones es mucho mayor. En los Estados Unidos es todo lo contrario.
Los otros puntos de discusión importantes también seguirán siendo tratados dentro de grupos de negociación durante el año que recién comienza.
Los asuntos que se están cubriendo son los siguientes: la eliminación progresiva de barreras arancelarias y no arancelarias al comercio; la reglamentación de los impuestos y los controles al capital extranjero; la liberalización del comercio de servicios; la expansión de la competitividad de las compras y contratos gubernamentales a todas las empresas dentro del ALCA; el establecimiento de un tribunal de arbitraje, para resolver todo tipo de desavenencias; la fundamentación de las reglas sanitarias para los productos agrícolas, y de los subsidios aparentes y encubiertos a estos bienes.
La protección a la propiedad intelectual, las patentes y marcas, etc., especialmente dentro del contexto del progreso tecnológico; la confrontación de las medidas perentorias de protección temporal, como antidumping, subsidios compensatorios, etc., que pudieran coartar el comercio normal; y la determinación de una política de competitividad para asegurar que no prevalezcan en el área prácticas restrictivas al mercado.
Todo esto se tendrá que decidir en forma consensual, transparente y total (no por partes). Tremenda agenda les queda por delante, y después, del ""sí"" del Congreso de los Estados Unidos, este no podrá modificar el ALCA directamente, pues sólo puede con su voto oponerlo o apoyarlo totalmente.
Pero los cabilderos ya se han fijado que el artículo 24 del GATT (que significa Acuerdo General de Aranceles y Comercio en inglés) permite la exclusión de ciertos sectores de los acuerdos de libre comercio, y están enfilando sus cañones.
Por otro lado, esto facilitaría la aprobación del ALCA en su totalidad por los congresistas. Nada, que navegamos entre Escila y Caribdis.
Profesor y Director en el Departamento de Economía, Florida International University, e investigador no residente de Brookings Institution, Washington D.C.


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143073
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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