Con los precios del petróleo en más de 90 dólares, los Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones desarrolladas vienen impulsando la producción de biocombustibles líquidos provenientes de la agricultura.
Lo que se pretende es la producción de etanol y de biodiésel mediante el maíz y la caña de azúcar, para el primer caso, y de diversos cultivos de oleaginosas para el segundo.
Los posibles beneficios ambientales y sociales, entre ellos la mitigación del cambio climático y una contribución a la seguridad energética, son citados como los principales motivos del apoyo del sector público a las industrias de biocombustibles, cuyo crecimiento ha sido rápido.
La producción mundial de etanol como combustible fue, en el 2006, de cerca de 40.000 mil millones de litros.
De esa cantidad, casi el 90% fue producido en Brasil y en Estados Unidos. Asimismo, cerca de 6.500 millones de litros de biodiesel fueron producidos en el 2006, de los cuales el 75% era producción de la Unión Europea.
Ese país emplea cerca de la mitad de la caña de azúcar que cultiva para producir etanol y el consumo de etanol combustible es obligatorio.
Muchas otras naciones en desarrollo, informa un documento del Banco Mundial, están iniciando programas de biocombustibles que se basan ya sea en la caña de azúcar o en otros cultivos ricos en aceites como la palma de aceite y las especies de Jatropha y de Pongamia.
Aunque sólo recientemente se empezó a evaluar el potencial económico de los biocombustibles en el mundo, la política actual sobre biocombustibles podría, según algunos cálculos, aumentar hasta cinco veces la participación de éstos en el transporte mundial, es decir, desde un poco más del 1% de hoy a casi el 6% en el 2020.
Ese apoyo comprende incentivos para el consumo (reducción de los impuestos al combustible); incentivos para la producción (estímulos fiscales, garantías para préstamos, y pagos de subsidios directos); y normas de consumo obligatorio. Más de 200 medidas de apoyo, que cuestan entre $5.500 millones y $7.300 millones al año en los Estados Unidos, equivalen a entre $0.38 y $0.49 por litro equivalente de petróleo para el etanol.
Aun en Brasil fue necesario, hasta hace poco tiempo, el apoyo sostenido del gobierno mediante subsidios directos para que se desarrollara una industria competitiva de biocombustibles.
Los productores domésticos de la Unión Europea y de los Estados Unidos reciben un apoyo adicional en los elevados aranceles con que se grava la importación de etanol.
La producción de biocombustibles ha llevado al alza los precios de las materias primas agrícolas.
El ejemplo más claro es el maíz, cuyo precio aumentó en más del 60% entre 2005 y 2007 por causa, en gran parte, del programa de producción de etanol de los Estados Unidos y, además, por la reducción de las reservas de los principales países exportadores. Es probable que la oferta de materias primas agrícolas para biocombustibles continúe estando restringida en el corto plazo.
No obstante, a menos que haya otra alza importante en los precios de la energía, es probable que los precios de las materias primas agrícolas aumenten menos en el largo plazo.