"Fábrica quebrada, fábrica tomada" es la consigna de miles de obreros argentinos que, ante la desesperación de quedarse sin empleo, deciden apropiarse de su lugar de trabajo y gestionar ellos mismos la producción, en un país sumido en un túnel recesivo de difícil salida.
Es una tendencia que crece al ritmo de la crisis económica que vive el país, gravemente afectado por cuatro años de recesión y un índice de desempleo del 21.5 por ciento, según los últimos datos oficiales.
La autogestión de los empleados de unas 120 empresas logró rescatar 12,000 puestos de trabajo, pero una organización que agrupa a las firmas recuperadas asegura que un millón de desempleados podría volver a trabajar gracias a este mecanismo.
"Nosotros siempre tomamos empresas quebradas, nunca las que todavía están funcionando, porque nuestro objetivo es librarnos del destino marginal que significa estar desempleados", explicó a EFE José Abelli, uno de los creadores del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), que reúne a unas 80 firmas.
Hace tres años, Abelli, junto a 80 compañeros de una productora avícola de San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe, fueron despedidos sin indemnización, cuando sus empleadores entraron en una convocatoria de acreedores por quiebra de la empresa.
"Como nunca cobraríamos nada y sabíamos que, con 40 ó50 años, nadie nos tomaría para trabajar, decidimos hacer algo al respecto. Fue muy duro, porque resistimos ocho meses dentro de la planta, enfrentando desalojos, pero finalmente la justicia nos permitió trabajar", recuerda Abelli.
Los trabajadores formaron una cooperativa y arriesgaron parte de su salario para formar el capital de trabajo. En la empresa frigorífica Fricader, en la provincia de Río Negro, sus trabajadores tomaron la planta y resisten desde hace meses, sin dejar la ocupación ni un instante.