Aunque lo que se compra y vende en ellos es algo muy especial, los mercados laborales son como todos los mercados. El precio - en este caso, el salario- se define por la evolución de la oferta y la demanda; cuando la oferta es mayor que la demanda, el salario baja, y cuando la demanda es mayor que la oferta, el salario sube.
Es una ley económica tan ineludible como la de la gravedad. El principio de competitividad presente en todos los mercados actúa de igual forma en el de los profesionales.
Cuando estos mercados se encuentran sobreofertados, participar con éxito solo es posible si se es de los mejores, ya que de lo contrario se corre el riesgo de quedar relegado y con un salario por debajo de la media. Las nuevas generaciones deben conocer estas dos premisas económicas para saber elegir entre sus opciones de estudio, porque, si bien hace algunas décadas contar con un título profesional era garantía de movilidad social y prestigio, actualmente el valor de algunos títulos es limitado desde el punto de vista laboral.
Dos fuerzas determinan la evolución actual de los mercados laborales de profesionales. Por un lado, el “aplanamiento” de las estructuras organizacionales tanto del sector privado como gubernamental, que reducen la demanda de algunos tipos de profesionales y aumentan la de otras profesiones que años atrás ni siquiera existían y, por el otro, el rezago de los programas de centros educativos.