¿Pór qué pagar impuestos cuando no se tiene un empleo formal y el gobierno sólo malgasta el dinero? Durante décadas, ése ha sido el punto de vista en América Latina, donde los gobiernos buscan ahora una fórmula convincente para recaudar más, en una región donde los que quieren y pueden pagar son pocos.
América Latina, que enfrenta brechas presupuestarias, prestamistas extranjeros cada vez más exigentes y demandas de un mayor gasto en débiles sistemas educativos y de salud, busca desesperadamente ampliar su base fiscal erosionada por décadas de crisis económicas y políticas populistas poco eficaces.
Parte de la batalla es convencer a los ciudadanos de que si pagan sus impuestos, los recursos serán usados en mejorías tangibles en carreteras, hospitales y tuberías, y no gastados en elefantes blancos o contratos fraudulentos.
Desde las avenidas del centro de la Ciudad de México hasta estaciones de tren en Buenos Aires, miles de latinoamericanos viven en una economía subterránea de desempleados y vendedores callejeros. Muchos de ellos viven en casas alumbradas con energía eléctrica que roban de postes de luz.
“Cada día somos más pobres”, dijo Eudosio Padilla, un sastre peruano de 52 años que tiene su propio negocio en Lima y quien ha recibido multas por retrasarse en el pago de sus impuestos.
“Creo que el gobierno tendría que crear empleos y entonces todos podrían pagar”, agregó. “No es que la gente no quiera pagar, es que no puede”.
La alta tasa de desempleo alimenta una vasta economía informal en América Latina, que según cálculos de Naciones Unidas, da trabajo a 57 por ciento de la población económicamente activa de la región. Eso significa que nuevos impuestos no llegarán a grandes segmentos de la población.
Sin embargo, los economistas argumentan que sin una amplia reforma fiscal, las naciones latinoamericanas estarán condenadas a un ciclo de finanzas frágiles, crisis económicas y agitación política.
La recaudación fiscal en América Latina varía mucho en cada país, pero en general es mucho menor que la de Europa y Estados Unidos.
De acuerdo con cifras del Banco Mundial, los países europeos como Gran Bretaña, Italia y Suecia, recaudan entre 35 y 40 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que Estados Unidos recauda cerca del 20 por ciento del PIB.
Pese a las preocupaciones sobre la economía regional, la recaudación fiscal de Brasil fue relativamente robusta en el 2000 al sumar 21 por ciento del PIB.
En contraste, Perú recauda cerca de 13.6 por ciento del PIB y México 11 por ciento, sin contar los fondos procedentes del monopolio estatal petrolero Pemex. Argentina, agobiada por la crisis, recauda 12 por ciento del PIB, según recientes cifras gubernamentales.
Las cargas fiscales en América Latina aún se comparan favorablemente con otras economías en desarrollo como India, donde el ingreso fiscal suma cerca de 10 por ciento del PIB, según el Banco Mundial. Pero la región luce menos favorable comparada con Sudáfrica, que recauda 25 por ciento del PIB.
Se dice que la baja recaudación en América Latina se debe en parte a razones culturales —un viejo refrán dice que la evasión fiscal es el deporte favorito en la región después del fútbol.