La administración de Ricardo Martinelli tiene entre una de sus principales metas lograr durante su mandato el “grado de inversión” para Panamá, pero la gran pregunta es ¿Qué tan viable es este objetivo con una deuda pública que continúa en ascenso?
El año pasado los economistas vaticinaban que la deuda llegaría a los $11,000 millones, y la estimación no se hizo esperar, el pasado julio el saldo de la misma alcanzó los $11,007.4 millones.
El incremento en relación con junio pasado fue de $205.3 millones, de los cuales $100 millones corresponden a desembolsos del Banco Interamericano de Desarrollo como parte de las fuentes de financiamiento que sirven de apoyo al presupuesto que se presentará en septiembre
La deuda es un factor importante para las calificadoras de riesgo a la hora de otorgar el grado de inversión a un país, y el endeudamiento creciente de Panamá ha sido la barrera para lograrlo, y ha tenido que quedarse de espectador observando como otros países lo alcanzan.
Chile, México, Brasil y Perú, iniciaron la competencia con Panamá por la anhelada calificación y ya todos, menos Panamá, lo lograron.
Para Panamá ha sido díficil reducir su gasto. Para efectos de reducción de la deuda, el superávit relevante es el del Gobierno Central, pero, por el contrario, al primer semestre de este año registró un déficit de 1.7% o $409.6 millones.
El ministro de Economía y Finanzas Alberto Vallarino ha sido enfático al señalar que para lograr el grado de inversión hay que reducir el financiamiento de programas sociales con deuda.
Pero, ¿cómo lograr no acudir a los organismos multilaterales?, para el Gobierno la solución ha sido en parte introducir reformas al código fiscal para lograr obtener unos $250 millones más en recaudaciones.
Sin embargo, el grado de inversión es una meta que se sigue viendo para Panamá a largo plazo, porque aún se tiene un gasto elevado y los ajustes que se tienen que realizar son muchos, y persiste la duda de sí las reformas fiscales son el camino adecuado.
Sin duda Panamá es actualmente, sin la calificación, un sitio atractivo para los grandes empresarios, pero el grado de inversión no cae nada mal.
Al primer trimestre Panamá registró $386.9 millones en inversión extranjera directa, lo que significó una baja del 31% respecto al mismo periodo de 2008.
Superar la calificación “BB+ estable” debe ser la meta, pero sin perjudicar a los sectores que más carga impositiva han llevado a lo largo de la historia del país, por lo que las reformas deben significar una solución y no un traspaso de costos a los que menos tienen.