Mientras, que hoy 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, más de 190,000 mil empleados públicos y casi 500,00 en el sector privado celebran en Panamá, al mismo tiempo, 168,000 personas deambulan en las calles sin poder hacerlo porque no tienen un empleo.
Según cifras de la Contraloría General de la República, hasta el año pasado el desempleo se encontraba en 13.8%, creciendo en la medida que cambiaba la estructura productiva del país.
En comparación con años anteriores, en 1970 el índice de desempleados era de 5.2% mientras, que para 1980 subió a 8.9%, en 1991, producto de la crisis política y económica de fines de los 80, se duplicó y llegó a alcanzar el 16%.
Expertos coinciden en que el desempleo aumentó porque el sector exportador creció. Esto ocasionó que las empresas utilizaran menos mano de obra.
En otras palabras, fueron muchos los empleados desplazados por contestadoras automáticas de llamadas, computadoras, máquinas automáticas de corte y confección de ropa, etc.
Economistas indican que hace falta una política económica centrada en la generación de empleos. De la cual al parecer los gobiernos no se han ocupado.
Esto indica que quien asuma la presidencia de la República tendrá dentro de sus retos inmediatos diseñar esa política para generar empleos en la industria, la agroindustria o la construcción, entre otros sectores que por tradición se han caracterizado como los mayores generadores de empleos.
Martín Torrijos
Dentro de su plan de trabajo plantea que la productividad aumentará la riqueza y reducirá el desempleo, porque el crecimiento económico se alcanza a través del incremento del capital, la generación de empleos y el progreso tecnológico.
Por ello promueve la aplicación de políticas estatales directas, facilitando la apertura de empresas, en especial las micro, pequeña y medianas empresas (PYMES).
Para alcanzar estos objetivos otorgará créditos fiscales a todas las empresas que contraten a jóvenes en su primer empleo. Entre otras, de sus propuestas se encuentra la eliminación de los pasos excesivos para la apertura de nuevas PYMES y empresas en general, facilitándoles créditos para que puedan expandirse y emplear más personal.
Ricardo Martinelli
La generación de empleos es producto de muchos factores, entre ellos, la confianza que tengan los inversionistas locales y extranjeros en Panamá.
Este candidato considera que es necesario crear el ambiente y devolver la confianza a los inversionistas para crear así cientos de miles de empleos.
José Miguel Alemán
Este candidato centró su propuesta en la generación de empleos impulsando la microempresa. Para ejecutar este plan formula la creación de un Banco de la microempresa para apoyar efectivamente los negocios y el mecanismo que brindar el apoyo financiero que requiere el micro y pequeño empresario.
Adicional plantea la puesta en vigencia de programas para jóvenes emprendedores, que serán capacitados para crear, organizar, y administrar su empresa convirtiéndose en generadores de empleo.
Asimismo, sugiere la educación empresarial como parte de los programas de educación básica general y secundaria, formando en la juventud una actitud empresarial.
Guillermo Endara
Para luchar contra la pobreza, el desempleo y las desigualdades sociales hacen falta recursos económicos.
En este caso, el candidato propone una estrategia económica basada en la reestructuración de la deuda pública, el manejo eficiente y disciplinado de las finanzas del Estado y la atracción de la inversión privada nacional y extranjera.
La fórmula sugerida busca lograr una mejor distribución en los niveles de ingresos entre los panameños, elevar la calidad de la educación de los panameños y panameñas, en las áreas marginadas.
La iniciativa pretende buscar un buen desempeño de los empleados mediante capacitación, y entrenamiento que permitan ampliar las oportunidades de trabajo, a través de la inversión nacional y extranjera.
El plan también incorpora a los ocupados del mercado informal para que puedan ingresar al sector formal, a través de la micro, pequeña y mediana empresa.
En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV Congreso de la American Federation of Labor, en éste se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada de 8 horas y, sino, se iría a la huelga.
En 1886, el presidente de EU, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Como esta ley no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de EU se movilizaron. Llegada la fecha, los obreros se organizaron y paralizaron el país productivo con más de cinco mil huelgas.
El episodio más famoso de esta lucha fue el funesto incidente de mayo de 1886 en la Haymarket Square de Chicago: durante una manifestación contra la brutal represión de una reciente huelga una bomba provocó la muerte de varios policías.
Aunque nunca se pudo descubrir quién fue el responsable de este atentado, cuatro líderes fueron acusados, juzgados sumariamente y ejecutados el 11 de noviembre de 1887.
Así se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda. A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.
En julio de 1889, la Segunda Internacional instituyó el "Día Internacional del Trabajador" para perpetuar la memoria de los hechos de mayo de 1886 en Chicago. Esta reivindicación fue emprendida por obreros norteamericanos e, inmediatamente, adoptada y promovida por la Asociación Internacional de los Trabajadores, que la convirtió en demanda común de la clase obrera de todo el mundo.
El Congreso de París de la Segunda Internacional acordó celebrar el "Día del Trabajador" el 1º de mayo de cada año.