“Para ser un afianzador exitoso se necesita desarrollar una buena gama de habilidades que permitan conocer un poco de cada cosa, ser algo así como un generalista experto, tener un contacto cercano con los clientes y saber quiénes son los clientes de éstos.
Si bien hay que estructurar un modelo de operación lo suficientemente flexible para adaptarse a los diferentes tipos de negocios a ser afianzados, el modelo de evaluación de la capacidad de los clientes potenciales, debe ser lo suficientemente rígido para garantizar la rentabilidad de manera sostenible a largo plazo”.
Mis claves son:
1. Energía. Trabajar y trabajar con pasión. Motivarse a si mismo todos los días. Cada día algo más. Darle forma al futuro en vez de sentarse a esperar que traerá. Buscar con energía lo que se quiere. Esto conlleva Perseverancia. El desaliento es enemigo de la perseverancia, si no se lucha contra el desaliento, se llega al pesimismo, primero y a la tibieza, después. Hay que ser optimista, hay que enamorarse. No se deja lo que se ama.
2. Riesgos. Saber asumirlos, no tener miedo y estar convencidos de que hay que tener realizaciones. Esto también nos obliga a aceptar cuando tenemos que rectificar, es decir, identificar y aceptar nuestros errores, no sirve de mucho si no tenemos la intención de reparar, de enmendar el camino aprendiendo de estos. Tener el valor de seguir adelante.
3. Humildad. Hay que ser humilde para ver nuestras propias limitaciones y debilidades. No se debe confundir con falta de carácter; también toca acostumbrarse a decir que no. Aprender de los errores y seguir adelante. No mirar hacia atrás. La vida es hacia adelante.
4. Estudio. Antes que enseñar hay que hacer. En un mundo cada día más competitivo, hay que utilizar todas las herramientas tecnológicas que tenemos a disposición para ir en busca de la mejora continua. Hay que tener un firme compromiso con cumplir con nuestras metas y valores. Las metas deben ser un compromiso maduro, con sensatez poner objetivos alcanzables. Hay que adaptarse a un mundo cambiante.
5. Fe. Da solución a nuestras ansiedades y llena de esperanza nuestro corazón. Es la brújula que nos permite navegar por tempestades y marca la ruta a seguir cuando perdemos el rumbo. Fortalece la capacidad de encontrar soluciones.