La patronal y los sindicatos del sector público alemán reanudaron ayer las negociaciones bajo la presión de los trabajadores de convocar una amplia huelga en caso de que los patronos mantengan su propuesta de congelación salarial.
Las negociaciones duraron hasta la madrugada y la mayoría de los observadores las consideran condenadas de antemano al fracaso debido a las posiciones inflexibles de ambas partes y al poco margen que tiene el estado para ceder ante las exigencias de los sindicatos debido a la difícil situación de las finanzas públicas.
Una primera ronda de negociaciones ya fracasó debido a la posición poco flexible que han asumido ambas partes. Mientras los municipios, los gobiernos de los estados federados y el gobierno central insisten en su idea de congelación salarial, el sindicato que agrupa a los trabajadores del sector público y del sector de servicios, no parecen dispuestos a rebajar su exigencia de lograr un aumento salarial de al menos el 3 %.
"Viendo las discusiones de los últimos días me temo que se ha casado hasta tal punto con su exigencia del 3 % que hay poco margen para compromisos", aseguró ayer el representante de los municipios en las negociaciones, el alcalde de Bochum (oeste de Alemania), Ernst-Otto Stüber, en declaraciones radiofónicas.
En una manifestación celebrada ayer, el presidente, Frank Bsirske, había reiterado su rechazo a una congelación salarial y su exigencia de un aumento de por lo menos el 3 % con el argumento de que la evolución en los salarios en el sector público no puede divorciarse de la que se vive en el sector privado.
Todo el conflicto tiene un lado irónico y es que, dentro de los rituales que suelen rodear este tipo de negociaciones en Alemania, la exigencia del 3 % como punto de partida puede considerarse como moderada desde el punto de vista sindical.
La estrategia de Bsirske inicialmente era precisamente empezar con una exigencia moderada, que se aproxima al promedio de los acuerdos a los que se ha llegado en el sector privado, para procurar llegar a un acuerdo rápido y evitar negociaciones largas y poco fructíferas.
Sin embargo, la estrategia de Bsirske se topó con la mala situación fiscal por la que atraviesa Alemania, con un déficit que superará este año el límite permitido por el Tratado de Maastrich y con muchos municipios y estados federados en una situación financiera desastrosa. El alcalde gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, dijo que, si la capital alemana fuera una empresa privada, hacía tiempo que habría tenido que declarar suspensión de pagos.