Las cooperativas y pequeñas cafetaleras mexicanas, víctimas como en otros países de la caída mundial de precios del café, organizaron una feria en el Zócalo capitalino para fomentar su consumo y un comercio justo y con menos intermediarios.
Sin medios para competir con las grandes multinacionales, que acaparan la distribución en los países desarrollados, los productores han vuelto los ojos a su propio mercado con la campaña "Café para todos. Aroma a responsabilidad social", para intentar elevar los niveles promedio de consumo.
La liberalización mundial del mercado de este grano, ocurrida en julio de 1989 bajo presiones de EU, rompió las cuotas de producción por países, redujo la superficie total cultivada, y echó por tierra los precios hasta los 6 pesos por kilo (0.54 dólares), un mínimo histórico.
222 El café es un producto que resume y reproduce la problemática de los productos del campo y, paradójicamente se cultiva en las regiones más marginadas.
Chiapas, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Puebla, cinco de los estados cuyos productores ocupan el 91% de la superficie cultivada en México y están entre los más pobres del país, son los promotores de la feria del zócalo capitalina. Para Catherine Marielle, coordinadora del programa de sistemas sustentables del no gubernamental Grupo de Estudios Ambientales (GEA), lo más necesario en una situación de crisis es "incentivar las prácticas agroecológicas", no reducir la economía del campo sólo a parámetros de producción y eficiencia.
"La agricultura campesina, indígena y mestiza, que es guardiana de la biodiversidad de México y de toda la humanidad, ese trabajo laborioso de miles de años, no ha sido valorado. Creo que debemos mirar al café desde esa perspectiva", añadió la especialista.
Para Héctor Popoca, secretario de Desarrollo del estado de Guerrero, hay una necesidad de más apoyo gubernamental al café pero sin paternalismos, mediante fondos de estabilización de precios que garanticen unos mínimos dignos con independencia de los mercados internacionales. Melvin Isael López, productor de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), explicó que la prioridad para su grupo es vender directamente su café a la gente.
El objetivo a gran escala es que este país, que llegó a ser el cuarto productor mundial de café en los años ochenta, aumente su nivel de consumo, de unos seiscientos gramos al año, muy inferior a los tres kilos de otros productores como Brasil.