Los republicanos del Congreso de los Estados Unidos estaban cerrando filas para rechazar toda o parte de la reorganización de la regulación financiera de 2010.
Desde que J.P. Morgan Chase Co. anunció este mes sus pérdidas de $2 mil millones en transacciones, ese frente se ha fragmentado.
Algunos buscan investigaciones y el senador Mike Crapo, de Wyoming, se encuentra entre quienes piden que el presidente y máximo responsable de la empresa financiera, Jamie Dimon, preste declaración, algo que éste ha aceptado.
El senador Richard Shelby, el principal republicano de la Comisión de Banca, dijo que las pérdidas demuestran la necesidad de pautas de capital para los bancos más estrictas de lo que establece la reorganización.
El senador Lamar Alexander, de Tennessee, dice que el Congreso no tiene por qué inmiscuirse.
Las divisiones muestran un partido desgarrado por diferencias relacionadas con la solución de problemas tan importantes como las pérdidas que sufrió uno de los bancos más grandes del país, por un grupo que, con apoyo del Tea Party, busca evitar toda perspectiva de futuros rescates y por la posición del nominado republicano, Mitt Romney, de que cuando un banco pierde hay otro inversor que gana.
“Tenemos que superar la idea de que, cada vez que un banco quiebra o tiene un problema, la tarea de Washington es rescatarlo o apuntalarlo”, dijo Alexander.
Tal vez los legisladores republicanos no logren resolver sus diferencias sobre el tema, dijo Michael Franc, vicepresidente de Relaciones Gubernamentales de la Heritage Foundation, un grupo de análisis que tiene sede en Washington y apoya la reducción del gobierno.
Si bien la mayor parte de los legisladores republicanos se opone a la regulación estricta, cada vez son más los que empiezan a recelar tanto de los grandes bancos como del gran gobierno, dijo. “Una de las dinámicas que han emergido en el Partido Republicano en los últimos 10 años es una creciente actitud populista”, señaló.
A medida que los legisladores republicanos se dividen en relación con su respuesta a las pérdidas de J.P. Morgan, los demócratas muestran un mensaje unificado.