Habían pasado cuatro días, desde que explotó una corriente que llegó hasta los medios, indicando que en la tina de relave en la mina Petaquilla Gold se había dado un derrame de químicos peligrosos. Ese día -hace una semana-, en una gira de periodistas a las instalaciones ubicadas en las montañas de Donoso, Colón, se observó el punto crítico del proceso.
La extracción del oro del lugar se hace tomando fragmentos grandes de tierra, que son transportados por camiones a una cantera. De ahí, una serie de molinos de bola de alta tecnología divide aún más los pedazos que venían desechos; este proceso es controlado manualmente y digitalmente.
La tierra desmenuzada entra en el proceso de lixiviación, donde el cianuro absorbe el oro de la tierra, esto dentro de unos tanques de acero, que es donde se manipula el cianuro, que se usa en forma de gas.
El oro queda impregnado en planchas especiales y lo que queda de este desecho, que puede contener un porcentaje menor de cianuro según los técnicos, pasa a las tinas de relave. Estas son vistas como pozos profundos y espesos de lodo, donde los rayos ultravioletas evaporarían cualquier desecho que se colara del temido químico.
Los especialistas del lugar aseguran que sería mínima la presencia del cianuro en las tinas de relave, pues en los tanques de acero se reutiliza por su alto costo. Fue ahí, en un espacio con capacidad de albergar 780 mil metros cúbicos de material, donde se temía el derrame, el que las autoridades afirmaran o descartaran en unos días.
De acuerdo con Petaquilla Gold, no se han enfrentado a un riesgo, razón por la que su tina de emergencia no ha sido utilizada.
El riesgo real, dicen, sí es el cianuro, pero sólo si hay un escape en los tanques de acero, asunto que aseguran monitorean con diligencia, pues de no ser así fallecerían los obreros. Las tinas no les preocupan tanto.