La redefinición del sector agrícola del futuro para garantizar la seguridad alimentaria y evitar el hambre en un mundo en crisis es el principal objetivo con el que arrancó ayer en Italia el primer G-8 de Agricultura, en el que participan potencias emergentes como Brasil y México.
Esta reunión, que se celebra en la localidad italiana de Cison Valmarino, en la provincia de Treviso (noreste), reúne a representantes de las siete mayores economías mundiales más Rusia, las potencias emergentes del G-5 y países invitados como Argentina, Australia y Egipto.
"Son tres días que pasarán a la historia. De esta reunión saldrá un manifiesto para redefinir la agricultura del nuevo siglo", dijo durante la inauguración de la cumbre Luca Zaia, ministro de Agricultura de Italia, país anfitrión en calidad de presidente de turno del G-8.
La reunión, que se prolongará hasta el próximo lunes, tiene lugar después de que en julio pasado, en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G-8 en la ciudad japonesa de Toyako, se llegara al compromiso de celebrar un encuentro internacional sobre seguridad alimentaria.
Desde entonces, las condiciones de los mercados agrícolas mundiales han cambiado notablemente con la recesión económica convertida en realidad y con la disminución del coste de los carburantes, pero el "grave problema estructural" sigue estando ahí, aseguran los organizadores de la cumbre en su página web.
"Será tarea de la Presidencia italiana encontrar una síntesis de todas las instancias representadas. Ya he tenido la posibilidad en los días precedentes de verme con mis colegas y creo que hay voluntad", dijo Zaia.