Asia, que busca atraer más atención a sus economías, quiere llegar al cielo. Literalmente. Tomemos a Taipei, que el mes pasado se convirtió en sede del edificio más alto del mundo. La esperanza, créanlo o no, es darle suerte a la economía de Taiwan.
El diseño de la estructura de 101 pisos está basado en el carácter chino del número ocho, considerado un número de suerte. De hecho, el ocho está surgiendo en toda Asia, en donde se está dando un auge de rascacielos.
Están las Torres Petronas de 88 pisos en Kuala Lumpur, que hasta el mes pasado eran el edificio más alto del mundo. Hong Kong inauguró recientemente su edificio más alto, Two International Finance Centre, de 88 pisos. El edificio más alto de China es Jin Mao Tower de 88 pisos, en Shangai. El edificio CITIC Plaza en Guangzhou tiene 80 pisos.
Los constructores esperan que el número ocho traiga suerte a sus ambiciosos proyectos. Los gobiernos asiáticos que los apoyan y los alientan esperan darle suerte a su intento de convertirse en centros financieros principales. Todo esto lleva en Asia a usar rascacielos para impulsar las economías.