El vasto plan de reactivación prometido por el gobierno de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre está bloqueado en el Congreso por las divisiones entre republicanos y demócratas, a pesar del agravamiento de la recesión que golpea a la economía estadounidense.
Los senadores republicanos y demócratas fracasaron el martes en su intento de encontrar un acuerdo sobre un proyecto de ley común, y cada sector acusa al otro de demorar el tema y rechazar cualquier concesión.
Los demócratas, mayoritarios en el Senado, presentaron entonces su propio programa de reactivación económica, por un monto de 90,000 millones de dólares, que es rechazado por los republicanos.
El proyecto demócrata difiere por completo con un plan de 100,000 millones de dólares adoptado a fines de octubre por la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, y que recibió el apoyo del presidente Bush.
El proyecto votado en la Cámara Baja prevé casi exclusivamente reducciones de impuestos (75,000 millones de dólares) para las empresas y los particulares. El texto defendido por los demócratas incluye, por el contrario, pocas bajas de impuestos y dedica una buena parte al aumento del gasto público, fundamentalmente en el transporte, la seguridad y la educación, así como a ayudas financieras suplementarias para los desempleados.
Para los demócratas, un aumento de los gastos reactivará más el crecimiento económico que simples disminuciones de impuestos, y las ayudas a los más desprovistos, en este periodo de recesión, son más justas que nuevas ventajas fiscales para los ricos y las grandes empresas.
Dada la amplitud de las división de los norteamericanos, serán necesarias, por lo menos, varias semanas antes que se apruebe un programa de reactivación, aunque ante la degradación de la situación económica el presidente Bush multiplica sus llamados al Congreso para que actúe rápidamente.
A la espera de este hipotético plan de reactivación, la economía estadounidense sólo puede contar con la baja de las tasas de interés resuelta por el banco central estadounidense para evitar una recesión demasiado larga y demasiado grave.
Mientras el Congreso discute, la Reserva Federal (Fed) redujo en medio punto sus tasas directrices. Esta baja es la décima desde comienzos del año y la tercera desde los atentados del 11 de setiembre contra Nueva York y Washington.
La tasa interbancaria, principal arma de intervención de la Fed, que cayó 4,50 puntos desde enero pasado, se encuentra en 2%, su nivel más bajo desde setiembre de 1961 y por debajo de la inflación (2,6% en los últimos 12 meses).
No obstante, esta política ofensiva de la Fed corre el riesgo de ser insuficiente para ayudar por sí sola a la recuperación de la economía estadounidense, cuando todos los últimos indicadores -alza del desempleo, fuerte caída de la confianza de los consumidores y de los jefes de empresa- muestran un agravamiento de la recesión, estiman varios expertos, que subrayan la necesidad de que haya también un plan de reactivación.