El plan de rescate de $14.000 millones para los "Tres Grandes de Detroit" permanecía ayer moribundo en el Senado de EE.UU., ante la rebelión de influyentes republicanos y sus exigencias de más condiciones para el sector automotriz.
El plan de préstamos fue aprobado la noche del miércoles en la Cámara de Representantes con 237 votos a favor - de los cuales solo 32 son de legisladores republicanos- y 170 en contra.
Aunque tiene una serie de ataduras para Detroit, en el Senado afronta un futuro incierto.
Fuentes legislativas consultadas ayer por Efe explicaron que, por el momento, tanto demócratas como republicanos continúan negociando "asuntos de procedimientos" y no hay fecha ni hora para la votación del proyecto de ley que contiene el salvavidas.
La oficina del líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, no descarta que esa votación se postergue hasta el fin de semana.
El plan sufrió un revés después de que el líder de la minoría republicana, Mitch McConnell, indicara ayer votaría en contra.
Los demócratas solo tienen 50 escaños en el Senado, no los 60 votos obligatorios para frenar las tácticas dilatorias de la minoría.
McConnell repitió el temor de muchos republicanos de que el plan no ofrece garantías para la viabilidad a largo plazo de General Motors (GM), Ford y Chrysler.
El mayor "defecto" del plan, señaló, es que "promete dinero de los contribuyentes a cambio de reformas que pueden o no ocurrir mañana".
Agregó que, en vez de pedirles que "subsidien un fracaso", los estadounidenses merecen garantías de que su "inversión" producirá unas empresas "más eficientes y más sólidas que no necesiten más ayuda".