ARGENTINA y Brasil están claros que la medida de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), no resuelve problemas estructurales, atinentes al peso y carga de la deuda externa, que continuarán elevadas, aunque con mejorías.
En lo inmediato, la aludida segregación significa salida de divisas, dólares o euros, ya que cada país se desprende de parte importante de su reserva monetaria, cerca de 25% y 33%, en Brasil y Argentina, respectivamente.
Su recuperación si puede lograrse a corto plazo, considerando la dinámica del actual crecimiento, la perspectiva integracionista regional y el contexto de ambos países en la economía mundial.
En lo social, se observa que ambas decisiones expresan un interés desarrollista nacional y cuentan con un amplio respaldo social, a pesar de los costos políticos.
Aquí, la procedencia y destino de esos fondos es también discutible; y una pregunta lo resume: ¿Es conveniente pagar adelantado al FMI sacrificando mejoras a la redistribución del ingreso? Nadie duda, que tal acumulación de divisas existe debido al esfuerzo y sacrificio de argentinos y brasileños.
Pero, la decisión adoptada busca una salida más duradera que repartir paliativos inmediatistas.
De hecho hay avances para cubrir la deuda social, aumentada por las crisis generales ya mencionadas. Uno y otro país promueven programas novedosos para atender sus desafíos económicos y sociales, sobre todo en materia de desempleo, inflación, educación y salud, aunque ello aún no es suficiente.
En lo político, Argentina y Brasil están actuando en el contexto de un plan construido para recuperar y ejercer soberanía plena, entendida como la capacidad del estado para adoptar sus decisiones económico-financieras, sin dictámenes e imposiciones foráneas.
Aquí dos cuestiones son polémicas. ¿Por qué otorgar trato preferencial al FMI, por encima de la también considerable deuda nacional? Dar una respuesta rápida y complaciente con los acreedores domésticos no es fácil; y peor aún es si recordamos y destacamos que el mismísimo FMI es un actor responsable de las crisis padecidas.
En lo inmediato, estos dos países obtienen una anhelado aspiración política, que es desembarazarse del oprobioso "sistema de condicionalidades y ajustes", que el FMI e instituciones similares les imponían, con el pretexto de labor de asesoramiento y vigilancia.
Al FMI no le queda más que encogerse de hombros; además, se ratifica una vez más su enorme desprestigio internacional.
La trascendencia internacional de estas decisiones no se limitan a Brasil, Argentina y al FMI. Las fronteras de Mercosur serán sobrepasadas.
Seguramente, nuevos gobiernos en países de la región altamente endeudados, intenten replicar tal modelo de trato con el FMI.
Ambos países anunciaron no salirse del FMI y que continuarán planteando su total reestructuración.
(segunda entrega)
Poblemas estructurales sin resolver
Tanto Argentina como Brasil lograron superávit fiscales continuados en el último trienio.