El concepto implica la utilización de una extensión de tierra para la siembra, la cría de animales y el aprovechamiento de los recursos para proveerse de alimentos y que de los excedentes se obtengan ingresos para reponer el producto consumido y el vendido.
Es imprescindible que se cuente con una estructura administrativa que vele por el buen funcionamiento de los cultivos y los animales de la granja.
Debe existir un control muy minucioso de los costos operativos, para determinar el precio de venta de los productos y así establecer una relación costo-beneficio y determinar el margen de utilidad.
Por tanto, el beneficio es innegable, tanto para la comunidad como para el medioambiente y el país.