Siempre he creído que así como hay vivencias gratas e importantes en la vida, que las recuerdo con mucho sentimiento, también suceden experiencias no tan gratas que quisiera borrar por completo de mi mente.
De hecho, esta misma semana fui a una víctima más de robo por un BlackBerry. Teléfono que resulta ser, en el mejor de los casos, una herramienta indispensable de trabajo y a la vez uno de los principales atractivos de los amigos de lo ajeno.
Este fue mi caso, al pensar que por tener el tono más oscuro de los papeles ahumados y una alarma sofisticada, estaba protegida y podría dejar el celular en uno de los compartimientos del tablero del carro.
Su luz roja intensa (indicadora de mensaje, llamadas y actualizaciones) rompe las barreras de cualquier vidrio ahumado llamando poderosamente la atención. Esa fue la señal para que los malhechores nos despojarán de todos los objetos de valor dentro del vehículo. Luego de asimilar la situación, pensé que había pasado el trago amargo del día, sin sospechar que al momento de hacer la denuncia, en la entidad correspondiente (DIJ), las atenciones no serían las apropiadas. Mientras que esperaba ser atendida, me enteré de varios casos similares en los que los afectados expresaban sus casos y al terminar la respuesta de las autoridades siempre era la misma: "Este caso procede así, nosotros los llamamos cuando tengamos respuesta, esto no se puede recuperar". Yo también tuve la misma respuesta. En conclusión: “Hombre precavido vale por dos.”