Portugal vivió en 2011 la peor crisis de su democracia, con un torbellino de problemas económicos que forzó un cambio de Gobierno y le llevó al rescate financiero y al programa de austeridad más duro que se recuerda en el país.
En un año plagado de sobresaltos políticos y financieros, la nación ibérica tuvo que pagar intereses diez veces más altos para refinanciar su deuda soberana, calificada como bono basura en julio y sometida a una permanente presión en los mercados.
Para muchos de los 10.5 millones de portugueses el año que concluye quedará en la memoria como uno de los más difíciles desde la Revolución del 25 de abril de 1974, marcado además por la incertidumbre de que 2012 puede ser peor, como anticipan las previsiones económicas.
Portugal entró en 2011 gobernado por el socialista José Sócrates y acaba el año en manos de su principal rival, el conservador Pedro Passos Coelho, que le sustituyó en junio, tras unas elecciones anticipadas dos años y medio por culpa de la crisis financiera que no ha perdonado el país.
El ambiente electoral dominó el país ya desde enero por los comicios presidenciales de ese mes, en los que el también conservador Anibal Cavaco Silva fue reelegido para un segundo periodo de cinco años.
La decisión del partido de Cavaco, el Social Demócrata (PSD, de centroderecha) de rechazar el cuarto plan de austeridad del Ejecutivo, tras haber dejado pasar los tres anteriores en el Parlamento, llevó a Sócrates a renunciar y pedir, unas semanas después, ayuda financiera internacional.