El aumento en cuatro millones de barriles en las reservas de petróleo almacenadas en Estados Unidos provocó hoy un descenso de casi un 5% en el valor del crudo y lo devolvió a un nivel de en torno a los 52 dólares.
El incremento sorprendió a los operadores, que esperaban un alza de en torno a un millón de barriles y afianzó la impresión de que quizás haya concluido el periodo en que las existencias bajaron sin pausa o aumentaban de manera leve.
El fuerte descenso de los precios del crudo se produjo incluso después de conocerse que las existencias de productos destilados, que incluyen el gasóleo de calefacción y el diesel, descendieron por sexta semana consecutiva y más de lo esperado.
El contraste entre el incremento en reservas de materia prima y el descenso de productos destilados, provocó una gran volatilidad durante la primera hora de actividad en el parqué neoyorquino, si bien la tendencia bajista continuó y fue más pronunciada a medida que avanzaba la sesión.
Reflejo de las dudas iniciales de los operadores es que el precio del crudo pasó de un máximo de 55.65 dólares a 53.00 dólares en apenas media hora de actividad, y en el último tramo de sesión llegó a bajar hasta los 52,10 dólares.
Al cierre de la sesión, los contratos para diciembre de Petróleo Intermedio de Texas, los de referencia en EEUU, finalizaron a 52.46 dólares el barril (159 litros), después de retroceder 2.71 dólares o un 4.9% respecto al martes.
El petróleo Brent, de referencia en Europa, también registró una corrección de más de un 4% en el mercado de Londres y los contratos para diciembre terminaron la jornada a 49.45 dólares, después de restar 2.05 dólares al valor del martes.
Los contratos de gasolina para noviembre finalizaron la sesión a 1.33 dólares el galón (3.7 litros), después de caer alrededor de 8 centavos respecto de la sesión anterior en el mercado neoyorquino.
El valor de los contratos de gasóleo para ese mismo mes se situó al cierre en 1.49 dólares, tras bajar 7 centavos respecto al martes.
El fuerte retroceso en los precios refleja una mayor confianza entre los operadores de que las refinerías contarán con suficiente materia prima para producir gasóleo y otros productos con amplia demanda durante el invierno.
Además, se prevé que aumentarán su actividad productiva a medida que concluyen las tareas de mantenimiento que realizan periódicamente en esta época.