Al parecer el sector empresarial del país prefiere que el ministro de Economía y Finanzas, Ricaurte Vásquez continúe en su puesto, ante los rumores que sea elegido como el nuevo administrador del Canal de Panamá.
Enrique de Obarrio, presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (APEDE), indicó que lo más factible es que Vásquez siga al frente de las finanzas públicas para que impulse y asegure los correctivos para mejorar el desarrollo de la economía, la productividad y la generación de empleos.
Para de Obarrio es necesario reformar la Ley 6 de "equidad fiscal", en especial lo relacionado al Cálculo Alterno del Impuesto sobre la Renta (CAIR) y al principio de Territorialidad.
" Lo establecido en la ley con relación a estos aspectos no puede corregirse mediante una reglamentación; requiere de una modificación y entre más rápido mejor, porque el impacto que tendrán sobre la economía el próximo año será de cuidado", agregó.
Igualmente, señala que el ministro Vásquez debe continuar en su actual puesto para que coadyuve con el sector privado un Plan de Desarrollo Nacional.
En reiteradas ocasiones Vásquez a manifestado que como cualquier panameño el aceptaría ser el nuevo administrador del Canal.
"Yo siempre hubiese querido ser padre de muchos. Me hubiera gustado haber ayudado a vivir a varios".
¿Que es a lo que más teme usted? "A vivir demasiado. A lo demás no, porque las personas que "aparentemente" me han podido hacer cosas que me han herido las he perdonado y olvidado sus agravios. Tengo una gran capacidad de olvidar.
Fue hijo único hasta los 24 años. Su madre, Aminta, oriunda de Las Tablas, no se andaba con paños tibios ni consentideras. ¿Él se caía? "Te paras tú solo. Tú eres hijo único", le decía. Tiene un hermano, pero Agustín no soporta vivir con nadie. "Lo mío es mío", enfatiza.
Es categórico al afirmar que "la vida no podemos vivirla con fórmulas, cada uno la vive a su manera".
Agustín Del Rosario es abanderado de la justicia, la democracia (aunque dice que hay que manejarla con mano dura) y predica que cada ser humano, por muy "aparentemente insignificante" que se sea, tiene un valor y hay que respetarlo.
Sus alumnos son mucho más que un número de cédula, que un nombre y un apellido a secas.
Son seres humanos con un pasado, un presente, que viven en un contexto determinado, piensan de una manera particular, a la cual tienen derecho porque son diferentes unos de otros, tienen virtudes y defectos, planes.. Y siente que en el aula (y aun fuera de ella, con un consejo, siendo un interlocutor que los escucha atentamente y con empatía), puede tener un protagonismo importante en ayudarles a estar listos para enfrentar la vida con todos sus desafíos y salir airososos.
Ser humildes es lo que aconseja Agustín Del Rosario para triunfar. Y, he aquí que se lamenta de que la nuestra no es una sociedad humilde. "Todos somos Agustín de Panamá. Rosalina de Panamá. Aquí nadie es Agustín de Sabana Grande. Cada vez que nos critican nos resentimos. Si fuéramos humildes reconoceríamos los méritos de los demás. Somos muy soberbios como sociedad. Cada político, cada presidente de sindicato, cada líder, quiere decir la última palabra. La falta de humildad lleva a la soberbia y a la falta de tolerancia".