El Índice de Precios al Consumo (IPC) de Japón, que excluye de su análisis los artículos perecederos, bajó en julio el 0, 1% en términos interanuales, por sexto mes consecutivo, y se situó en 100, 0 puntos sobre la base de 100 fijada en 2005, al mismo nivel que ese año.
El dato, que coincide con las expectativas de los analistas según la agencia local Kyodo, se suma al descenso del gasto de los hogares nipones, que supone el 55% del Producto Interior Bruto (PIB) del país y que volvió a caer tras siete meses de subidas.
Así, las familias japonesas gastaron un 0, 1% menos en julio que durante el mismo mes del año anterior, una caída que se dejó notar especialmente en artículos para el hogar, alimentación, electricidad, agua, ropa, calzado y transporte.
Tan sólo la sanidad y la educación experimentaron incrementos considerables, con un aumento del gasto del 15 y el 4, 9%, respectivamente.
Nuevamente, la segunda economía del mundo muestra síntomas de debilidad y parece que sigue sin superar del todo la crisis que afectó al país durante los años 80 -en la llamada década perdida-, que originó un largo período de deflación que el Gobierno dio por concluido hace casi un año, el 3 de octubre de 2006.
Sin embargo, los números traicionan el optimismo del Ejecutivo y dificultan los planes del Banco de Japón (BOJ), que planea subir paulatinamente los tipos de interés, actualmente en el 0, 5%, muy lejos de los fijados por el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de Estados Unidos.
El comité monetario del BOJ busca la normalización del precio del yen con respecto al dólar y el euro, pero en múltiples ocasiones ha postergado una nueva subida de tipos (la última fue de un cuarto de punto en febrero de este año), al considerar que el consumo seguía siendo insuficiente.
Tras las cifras conocidas ayer es poco probable que el BOJ se plantee la subida de los tipos a corto plazo, aunque Atsushi Mizuno, miembro del comité monetario del banco central japonés, aseguró que el exceso de liquidez derivado del reciente hundimiento bursátil "justifica un alza a medio plazo", según publica The Daily Yomiuri.
En teoría, un incremento de los tipos de interés sería contraproducente para la economía japonesa, ya que incentiva el ahorro, al ofrecer mayor retribución por el dinero en cuentas bancarias, y encarece los préstamos, justo lo que trata de evitar el BOJ.
Por si fuera poco, la crisis en los mercados financieros desencadenada por la morosidad de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos arrastró al dólar y al euro y tuvo como resultado la apreciación del yen frente a las principales divisas.
El encarecimiento de la moneda nipona perjudicó a los exportadores japoneses, el sector más dinámico de la economía del país, que durante todo el año habían disfrutado de un tipo de cambio favorable que aumentaba la competitividad de sus productos en los mercados exteriores.
Un aumento de los tipos también contribuiría además consolidar el fortalecimiento del yen.
Además del IPC y del consumo, el índice interanual de producción industrial japonesa cayó en julio un 0, 4%, en parte por culpa del terremoto que sacudió la región de Niigata (norte de Tokio) el 16 de julio y perjudicó especialmente la fabricación de automóviles.
El Índice de Precios al Consumo (IPC) de Japón, que excluye de su análisis los artículos perecederos, bajó en julio el 0, 1% en términos interanuales, por sexto mes consecutivo.
Descenso del gasto de los hogares nipones, que supone el 55% del Producto Interior Bruto (PIB).