Economía

Presidente del Banco Mundial exhorta a luchar contra la pobreza


Para muchos, los terroríficos acontecimientos del 11 de septiembre han hecho de ésta una época de reflexión sobre cómo hacer que el mundo sea un lugar mejor y más seguro. La comunidad internacional ya se ha movilizado firmemente para conseguirlo, enfrentándose directamente al terrorismo y reforzando la seguridad. También hemos visto una verdadera colaboración para evitar una recesión mundial. Son signos de que el espíritu de cooperación aumenta y busca respuestas internacionales a problemas internacionales.
Pero debemos ir un paso más allá. El mayor reto a largo plazo para la comunidad mundial a la hora de construir un mundo mejor es luchar contra la pobreza y promover la integración en todo el mundo. Esto es todavía más imperativo ahora, cuando sabemos que, debido a los ataques terroristas, el crecimiento en los países en desarrollo perderá fuerza, empujará a más millones de personas a la pobreza y hará que cientos de miles de niños mueran debido a la desnutrición, las enfermedades y las privaciones.
La pobreza en sí misma no conduce inmediata y directamente al conflicto, y mucho menos al terrorismo. Más que responder a la privación atacando a otros, la enorme mayoría de los pobres del mundo dedican su energía a la lucha diaria para conseguir ingresos, alimentos y oportunidades para sus hijos. Y, sin embargo, sabemos que la exclusión puede engendrar un conflicto violento. Una meticulosa investigación nos dice que las guerras civiles son a menudo consecuencia no tanto de la diversidad étnica -el habitual chivo expiatorio- como de una mezcla de factores, de los cuales, hay que reconocerlo, la pobreza es un ingrediente básico. Y los países arrastrados por el conflicto se convierten a su vez en refugios seguros para los terroristas.
Nuestro objetivo común debe ser el erradicar la pobreza y fomentar la integración y la justicia social para introducir a los marginados en la corriente principal de la economía y la sociedad mundial. Y lo podemos hacer adoptando medidas que ayuden a evitar los conflictos. Tomemos el ejemplo de la Iniciativa para la Cuenca del Nilo. No es ningún secreto que la escasez de agua supone un reto para el desarrollo y la paz en el norte de ¡frica y en Oriente Próximo. La iniciativa es una unión de los 10 países de la cuenca del Nilo, que proporciona un vehículo para la cooperación en un programa de uso del agua y de desarrollo sostenibles. ste es un buen ejemplo de acción multilateral para prevenir el conflicto y trabajar directamente para reducir la pobreza. Igualmente importante es ayudar a que la paz arraigue en sociedades que bemergen de un conflicto.
Por ejemplo, en Bosnia, donde el apoyo internacional está ayudando a las comunidades a unirse en el plano local, mediante proyectos a pequeña escala que crean puestos de trabajo y ayudan a superar las diferencias étnicas. O en sociedades que han soportado un conflicto previo, como Timor Oriental y Ruanda, donde la comunidad internacional está ayudando a reconstruir la infraestructura, a reintegrar a los soldados en la sociedad y en la fuerza laboral, y a restaurar la capacidad de los Gobiernos para gestionar su economía. Puede que para triunfar hagan falta años de trabajo duro, pero la alternativa es un interminable ciclo de violencia.
Las estrategias para promover la cohesión y la integración social son esenciales para prevenir los conflictos y construir la paz. La integración significa garantizar que todos tengan oportunidades de conseguir un trabajo remunerado, y que las sociedades eviten las grandes desigualdades de renta que puedan amenazar la estabilidad social. Pero la integración va mucho más allá de las rentas. También significa asegurarse de que los pobres tienen acceso a la educación, a la sanidad y los servicios básicos, como el agua potable, la higiene y la electricidad. Significa permitir a las personas que participen en las decisiones clave que afectan a su vida. Eso es lo que denominamos atribución de poder.
Pero ¿podemos realmente hacer progresos contra la pobreza? La historia reciente nos dice que sí. Después de aumentar de manera continuada durante 200 años, el número total de personas que viven en la pobreza en todo el mundo comenzó a disminuir hace 15 o 20 años. Durante 20 años, el número de pobres ha disminuido quizá en unos 200 millones, aun cuando la población mundial aumentó 1.600 millones. Esto ha sido el resultado directo de las mejores políticas que los países en vías de desarrollo han estado siguiendo.
Y el progreso va mucho más allá de las medidas salariales. La educación y la salud también han mejorado. Desde 1970, la proporción de analfabetos en los países en vías de desarrollo ha disminuido del 47% al 25%; y desde 1960, la esperanza de vida ha aumentado de 45 a 64 años.
Pero no debemos subestimar las dificultades que aún tenemos que superar. La mitad de los habitantes de países en vías de desarrollo -unos 2.000 millones de personas- viven en lugares que han experimentado poco crecimiento en las últimas dos décadas. E incluso en aquellos países en vías de desarrollo que han obtenido resultados relativamente buenos, cientos de millones de personas están al margen del progreso del crecimiento.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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