Sin duda los incidentes terroristas en Estados Unidos del 11 de septiembre del 2001, cambiaron para siempre no sólo la imagen de un país invulnerable a este tipo de atentados, sino también las reglas y condiciones para las exportaciones de productos alimenticios.
Para los productores agropecuarios como Panamá, a partir de los atentados terroristas, se establecieron condiciones para que los países económicamente poderosos, utilicen como elemento de justificación, herramientas necesarias desde el punto de vista jurídico para crear mecanismos más allá de los negociados con la Organización Mundial del Comercio (OMC), manifestó el productor Carlos Salcedo.
Estos mecanismos -legalmente constituidos como la reciente Ley Contra el Bioterrorismo- impiden el funcionamiento de un mercado con simetría, equidad y reciprocidad con los países del tercer mundo capaces de exportar hacia los Estados Unidos bienes y servicios, dijo.
"La Ley contra el Bioterrorismo es una excusa más que levanta sobre la bandera del terrorismo, Estados Unidos, para alcanzar sus objetivos en detrimento de la economía de los productores de los países pobres que hacemos un esfuerzo en adaptar y adoptar tecnologías que nos establezcan en algún grado mecanismos de competencia y competitividad", aseveró Salcedo. Estas esperanzas, según el productor, se ven frustradas a partir de la Ley contra el Bioterrorismo que nace producto de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos.
La Ley contra el Bioterrorismo que surgió por los atentados del 11 de septiembre del 2001, fueron promulgadas por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush el 12 de junio del 2002. Esta regulación, mejor conocida como la ley de seguridad pública contra el bioterrorismo, surge prácticamente por el temor de que los alimentos importados puedan servir como medio de transporte para dañar a los consumidores norteamericanos a través de patógenos o sustancias químicas que podrían ocasionar grandes epidemias.
Las Agencias de Viajes fueron las que directamente sufrieron un doble impacto negativo, ante la desaceleración en los viajes a nivel general y sobretodo porque ya enfrentaban las rebajas de comisiones de los boletos aéreos. De acuerdo con Aida Quijano, presidenta de la Asociación Panameña de Agencias de Viajes y Turismo (APAVIT), este sector se vio en la necesidad de buscar otros nichos para su desarrollo o productos alternos como el mercado latinoamericano y el turismo interno, que ha salido favorecido.
De igual manera, para minimizar las consecuencias del 11 de septiembre del 2001, Quijano explicó que las agencias abrieron nuevos destinos en Sudamérica que fueron del gusto de los panameños para reemplazar los viajes a EU.
Productores afectados
El sector agrícola, la banca y los seguros sintieron el efecto negativo al tener que acomodarse a una nueva realidad y a normas más rigurosas.