A dos años del histórico triunfo en las urnas del presidente de México, Vicente Fox, sus promesas económicas se desvanecen eclipsadas por un entorno internacional desfavorable y la reticencia de la oposición a impulsar las reformas estructurales pendientes.
Fox, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), celebrará el 2 de julio el segundo aniversario de la victoria electoral que le llevó a Los Pinos y puso fin a siete décadas de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Según analistas consultados por EFE, Fox no tendrá muchas alegrías económicas que festejar, pues sus ambiciosas promesas de campaña se han topado con fuertes turbulencias externas y con la cerrazón del Congreso, donde ningún partido tiene mayoría absoluta. La administración foxista ha sido exitosa en mantener la estabilidad macroeconómica y en situar al país como uno de los únicos relativamente seguros para invertir en la convulsionada Latinoamérica.
Sin embargo, no ha tenido tanta suerte en impulsar la competitividad de las empresas mexicanas ni en evitar la caída del Producto Interior Bruto (PIB) y del empleo. Durante 2001, el PIB cayó un 0.3 por ciento, lo que supuso la primera contracción económica anual en seis años y contrastó con el 7 por ciento que Fox prometió en campaña.
La economía mantuvo su tendencia descendente en el primer trimestre de este año, cuando se contrajo un 2 por ciento, aunque tanto el Gobierno como los expertos esperan que a partir del segundo semestre empiece una recuperación moderada.
La recesión económica se sintió sobre todo en el sector industrial y repercutió de manera directa en el empleo, pues, según fuentes oficiales, se perdieron 382,000 puestos de trabajo en 2001, cifra que algunos analistas elevan hasta los 700,000.
Promesas económicas de Fox se desvanecen
No ha tenido tanta suerte en evitar la caída del Producto Interior Bruto (PIB) y del empleo.