La espectacular reforma propuesta por la Comisión Europea para la pesca desató la cólera de los países de Europa del sur más concernidos, Francia, España y Portugal.
El proyecto presentado el martes por el comisario europeo de agricultura, Franz Fischler, preconiza reducir de 30 a 60% las capacidades globales de las flotas pesqueras de la Unión Europea (UE), lo que implica poner fuera de uso a 8,600 barcos y liquidar 28,000 empleos para 2006.
El plan aumenta las primas para la demolición de navíos, suprime las destinadas a construirlos y prevé otras para la reconversión de los pescadores sin trabajo.
La Comisión Europea justifica la reforma de la pesca por la necesidad de proteger los recursos marinos de la región que se reducen continuamente desde hace 20 años, con casos extremos como el de la disminución de 60 % de la disponibilidad de bacalao.
Este argumento encuentra la comprensión del Fondo de la Naturaleza (WWW) que indicó que el plan Fischler es "la última esperanza de salvar los recursos en pescado de Europa y a la industria" que depende de él.
También lo apoyan los eurodiputados ecologistas, que indican que los 15 de la UE están "al borde del precipicio" por haberse ya negado anteriormente a aceptar una reducción de las capacidades de pesca.
En cambio, España denuncia la "visión nórdica" de la pesca y Francia estima "discutible" la tesis de la escasez del pescado.
Así, una vez más, el proyecto de reforma de la pesca marca las divisiones entre los países del sur de la UE, llamados "amigos de la pesca" y los del norte, llamados "amigos de los peces".
Los gobiernos de Suecia y Holanda acogieron favorablemente el plan. Alemania y Dinamarca no han reaccionado oficialmente pero Alemania defiende desde hace largo tiempo "la pesca durable y ecológica" mientras que Dinamarca -que presidirá la UE a partir de julio- ambiciona hacer aprobar la reforma antes de diciembre.