El severo racionamiento de energía en las principales ciudades brasileñas, que obliga a los usuarios a cortar 20% de su consumo, podría ser reducido a 10% en el verano, a partir de noviembre, apuntó ayer, el matutino o Globo.
Según el periódico, el gobierno "ya trabaja con la expectativa de reducir la meta de reducción de consumo eléctrico de 20% a 10% a partir de noviembre, cuando comienza el verano en todo el país y especialmente en Rio de Janeiro, que sufre con temperaturas de más de 40 grados".
Mencionando fuentes oficiales no identificadas, el matutino aseguró que "los integrantes de la Cámara de Gestión de la Crisis de Energía Eléctrica prefieren no pronunciarse oficialmente sobre esta posibilidad, y dicen apenas que nada fue discutido todavía".
Este optimismo del gobierno en una reducción de consumo de energía menos rigurosa se apoya en previsiones del Instituto Nacional de Meteorología, según las cuales las lluvias deben comenzar entre agosto y septiembre en las regiones sudeste y centro oeste, las más castigadas por el racionamiento.
Según los estudios realizados por los peritos del Instituto de Meteorología, las lluvias en la región sudeste (donde se encuentran situadas las dos mayores ciudades del país, Rio de Janeiro y Sao Paulo) podrán ser hasta 10% mayores que el promedio histórico para esa época del año.
De esa forma, aproximadamente hasta el mes de diciembre, apunta el Instituto, el nivel de los ríos principales en la región Sudeste y Centro Oeste estarán por encima del estado actual, permitiendo la recuperación de las represas hidroeléctricas.
El pasado jueves, el gobierno lanzó un ambicioso programa que pretende aumentar la oferta de energía en 19.918,9 megavatios ya a partir del año 2003, en un plan que tendrá un costo aproximado de 31.525 millones de reales (unos 12.815 millones de dólares).
En lo que queda de año, el gobierno pretende aumentar la demanda en 4.058,9 megavatios.
Este "Programa Estructurado de Aumento de la Oferta de 2001-2003", como lo ha denominado el gobierno, pretende hacer frente a la crisis energética sin precedentes que está viviendo el país y que ha llevado al racionamiento eléctrico en las regiones sudeste, centro-oeste y nordeste.
La falta de lluvias ha dejado a las represas del país, que generan más del 90% de la energía consumida en Brasil, por debajo de un tercio de su capacidad.
A pesar de la situación de las represas, el gobierno espera no tener que recurrir a los apagones, de acuerdo con las evaluaciones periódicas.