La gravedad de la crisis de las hipotecas de alto riesgo no es lo único inquietante.
También preocupa, desde una perspectiva asiática, la magnitud del plan de estímulo que se ha confeccionado para evitar que la economía de Estados Unidos caiga en una recesión.
De 168.000 de dólares millones, la liberalidad es casi tres quintas partes mayor que la cifra récord de 107.000 de dólares millones distribuida por 22 países ricos en conjunto como ayuda exterior oficial en el 2005, el año tras el devastador tsunami del océano Índico.
Los asiáticos de clase media se morirían de envidia ante la "predilección interna" implícita en la munificencia del Gobierno de George W. Bush. Contrario a los 111 millones de hogares estadounidenses que recibirán algún reembolso de impuestos, los trabajadores asiáticos no encontrarán ningún cheque en el buzón.
Lo único que pueden hacer, cuando las cosas se ponen malas, es echarle la culpa al "karma"; y puesto que muchas culturas asiáticas creen en la reencarnación, siempre hay la esperanza de tener mejor suerte en la próxima vida.
El año pasado se oyó hablar mucho de que el Asia resurgente se había "desacoplado" de la ralentizada economía estadounidense y que tomaba por su propio camino.
Tras el batacazo sincrónico de $5,2 billones en los mercados de valores del mundo en enero, esas expectativas se han evaporado.
El mes pasado, tres de cuatro analistas calificaron con "suscribir" la oferta pública inicial de $3.000 millones por Reliance Power Ltd., según mi Bloomberg. La mayor OPI de la India había atraído pedidos de 73 veces las acciones ofertadas cuando cerró el 18 de enero; aun así, las acciones bajaron hasta 21% en su estreno ayer en la Bolsa de Bombay.
La necesidad de fluido eléctrico en la India no se ha reducido en un mes. La acción sufrió una paliza.