Centroamérica insiste en buscar una vía que le permita suministrar gas natural a la región.
Los antecedentes de esta iniciativa se encuentran en 1998 cuando la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) presentó un estudio de prefactibilidad del gasoducto regional México-Istmo Centroamericano.
Para la estimación de la demanda potencial se consideró que los consumidores serían la generación eléctrica y la industria manufacturera. El gas natural que abastecería el Istmo provendría de los yacimientos del sureste mexicano. Adicional al estudio mencionado, se puede mencionar el caso de Panamá, mediante un ducto desde Colombia, así como los casos de Honduras, Costa Rica y El Salvador, mediante una regasificadora, con gas natural licuado.