Sólo unas horas después de que la Reserva Federal decidiera mantener el precio del dinero en el 1%, el temor a una subida de tipos se extendió de nuevo por los inversores y provocó un retroceso de las bolsas.
Al cierre, el Dow Jones de Industriales se dejó un 0.41%, el índice S&P 500 un 0.64%, y el NYSE un 0.45%, mientras que el tecnológico Nasdaq fue el mejor parado al caer sólo un 0.02%. Lo que inicialmente parecía una corrección técnica, tras la fuerte subida de ayer, se reveló más tarde como una caída con argumentos de peso.
Fundamentalmente se trata del temor a que la buena marcha de la economía acelere la subida de los tipos de interés en el país, algo que beneficiaría al dólar, pero que perjudicaría a las fuertes inversiones que los ahorradores tienen en deuda pública estadounidense. En los últimos días, los inversores han recibido mensajes positivos sobre la reactivación de la actividad económica, no sólo con la publicación de varios indicadores, como el Producto Interior Bruto (PIB) o la inversión empresarial, sino también con el diagnóstico que ayer hizo la Reserva Federal.
Además, ayer se publicó un dato sobre ventas minoristas que sorprendió a los analistas por ser mejor de lo esperado.
Estas ventas subieron en EU un 1.4% en julio, el mayor aumento en cuatro meses, cuando la mayoría de los economistas esperaba que las ventas de minoristas subieran el pasado mes un 1%. Este repunte en las ventas de los minoristas se suma a otros indicadores alentadores sobre la economía de Estados Unidos, y muestra un optimismo de los consumidores, cuyo gasto representa casi el 70% del PIB del país.
Con todos estos ingredientes, ayer se produjo una fuerte caída del precio de la deuda a largo plazo, mientras que la rentabilidad de estos títulos, que se mueve de forma inversa al precio, registró un rally alcista.
La rentabilidad de las obligaciones a diez años -que es precisamente la referencia de los tipos a largo plazo- se colocó en el 4.56%, el nivel más alto de los últimos meses. Los inversores temen que una subida de tipos acabe estrangulando el crecimiento económico, dado que frenaría el consumo de las familias, que tendrían que destinar más dinero para pagar sus préstamos. Igualmente, las empresas verían dificultado su acceso a la financiación bancaria, lo que derivaría en una caída de la inversión.