El Fondo Monetario Internacional (FMI) apoyó ayer las prioridades económicas del Gobierno de Rusia para este año, aunque advirtió a ese país que le resta una "extensa" agenda de reformas por aplicar. El FMI calcula que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) será este año del 3,6 por ciento, por debajo del 5,2 por ciento registrado en 2001, y que la inflación caerá al 14 por ciento, mucho menos que el 21,6 por ciento del ejercicio anterior.
"Si la actividad económica resulta más débil de lo pronosticado, será importante tomar acciones a tiempo contra cualquier debilitamiento en el pago de impuestos", apuntó el Directorio del organismo multilateral. Según la institución multilateral, lo más probable es que el rublo se aprecie "en línea con las ganancias de productividad" y el banco central de Rusia debería seguir con sus políticas dirigidas a mantener la inflación bajo control.
En su revisión anual de Rusia, el FMI señaló que los acontecimientos fiscales "permanecen sujetos a riesgos que emanan de un crecimiento menor de lo previsto, de los precios de la energía más bajos y de las dificultades para conseguir una reducción de los gastos" en una escala menor que la estatal.
Pero agregó también que el reciente fortalecimiento de las posiciones externa y fiscal de Rusia ha creado un "margen" para una prudente relajación de la posición fiscal a medio plazo, sin poner en riesgo su sostenibilidad. "La propuesta relajación de la política fiscal en 2002 debe servir para apoyar el crecimiento de cara a un entorno externo que será posiblemente más débil que en los años recientes", indicó el FMI.
En cualquier caso, el Fondo Monetario insistió en que esa relajación "debe ser utilizada de forma prudente" porque muchas de las reformas estructurales pendientes tendrán "significativas implicaciones fiscales". El FMI apoyó el comportamiento macroeconómico de Rusia durante 2001 y 2002, un año en el que opina que el país debe tener como principales prioridades el mantenimiento de políticas macroeconómicas.