La economía rusa ha cerrado definitivamente su transición, después de que Washington reconociera su nuevo estatuto de economía de mercado, lo que facilitará sus negociaciones de adhesión a la OMC y tranquilizará un poco más a los inversores.
Sin embargo, ello no bastará para convencer a Europa y a Estados Unidos, advierten los analistas. Las negociaciones para la entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC) se anuncian duras, en particular con China, que se adelantó a su vecino hace meses.
Estados Unidos aceptó el jueves, quizás para agradecer la colaboración del presidente Vladimir Putin en la lucha antiterrorista, considerar la economía rusa como liberal y abierta al extranjero. La decisión llegó una decena de días después de un reconocimiento similar de parte de la Unión Europea, y diez años después del lanzamiento de las reformas en Rusia.
Un gesto ante todo político, "cuyo objetivo es apoyar la política extranjera pro-occidental del Kremlin", estima Alexei Moisseev, analista del banco Renaissance Capital. Estados Unidos, al igual que Europa, habían exigido hasta ahora de Moscú que acabara con la regulación de los precios internos de la electricidad, del gas y los transportes ferroviarios, que consideran como subvenciones encubiertas para las empresas rusas.