Rusia tomó ayer la delantera a la Unión Europea (UE) y Estados Unidos en la "guerra de los gasoductos" que permitirían acceder a los ingentes recursos energéticos de Asia Central, región que se ha convertido en alternativa ideal para Oriente Medio.
El presidente ruso, Vladímir Putin, llegó ayer a la región con el objetivo de firmar con Kazajistán y Turkmenistán un acuerdo para el tendido de un nuevo gasoducto que bordearía el mar Caspio y, en caso de hacerse realidad, echaría por tierra las esperanzas de la UE y Estados Unidos.
Éstos son partidarios de un gasoducto que cruzaría el mar Caspio eludiendo Rusia y enlazando los yacimientos de gas centroasiáticos con Azerbaiyán y el ya existente conducto Bakú-Tiflis-Erzerum (Turquía), ambicioso proyecto que es conocido como Transcaspio.
De ello también depende en gran medida la viabilidad del proyecto Nabucco de 3.300 kilómetros y un costo de 4.600 millones de dólares, con el que compite Rusia.