Los llamamamientos para que no se rompa el diálogo entre la compañía petrolera mexicana Pemex y su poderoso sindicato de trabajadores se multiplicaban este jueves, ante una nueva y decisiva ronda negociadora entre la dirección de la empresa y los líderes sindicales.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI, ex gobernante), directamente implicado en las complejas negociaciones políticas y laborales, hizo este jueves una solemne petición para que se alcance un acuerdo en un plazo de 48 horas, para impedir una huelga que tendría un impacto histórico en el país.
El sindicato petrolero ha anunciado que está dispuesto a ir a la huelga el 2 de octubre, si no se satisfacen sus demandas salariales.
"El PRI se pronuncia porque en un plazo máximo de 48 horas, empresa y sindicato lleguen a un acuerdo en términos de viabilidad para la empresa y de estricta justicia en la recuperación del poder adquisitivo del salario de los trabajadores", señaló la formación política que gobernó México durante 71 años.
"Siendo la huelga un recurso válido, las condiciones económicas del país, así como el contexto internacional, en el que el petróleo cobra una importancia imposible de desestimar, la hacen definitivamente riesgosa e inconveniente", señaló el PRI en un comunicado publicado en la prensa mexicana.
El PRI pretendió así ofrecer un papel de mediador en un conflicto en principio salarial, pero en el que juegan también un papel determinante las investigaciones anticorrupción contra tres líderes sindicales.
Esos tres líderes forman parte del PRI, y uno de ellos, el secretario del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, está liderando las negociaciones.
Empresa y sindicato tenían previsto mantener una nueva y decisiva reunión este jueves en la Secretaría de Trabajo, ante una junta de conciliación.
Fuentes cercanas a la negociación aseguran que la diferencia de exigencias (un aumento salarial del 5% según la empresa, 15% según el sindicato) no son insalvables, sobre todo porque en la negociación entran en juego otras ventajas sociales que gozan los 138.000 empleados de la mayor empresa mexicana, auténtico pulmón económico del país.
Pero en la negociación entran factores políticos. El presidente Vicente Fox, que ha hecho de la lucha anticorrupción una de sus principales banderas, reiteró que no piensa transigir, en un velado mensaje a la jefatura del sindicato. Analistas en México interpretan las declaraciones de Fox como una baza de fuerza en las negociaciones.