El futuro del grupo automovilístico británico Rover afronta esta semana un capítulo vital para saber si la firma sobrevive o desaparece, una suerte que depende de que surja un acuerdo entre el consorcio Phoenix y el constructor alemán BMW.
Phoenix se ha erigido, tras la retirada de la firma financiera Alchemy Partners el pasado viernes, en el único comprador interesado en adquirir Rover para reflotarla como un gran productor de vehículos.
Mañana martes el líder del consorcio y ex presidente ejecutivo del grupo, John Towers, se entrevistará con los directivos de BMW, confirmó el pasado sábado el actual presidente de Rover, Werner Samann, al ministro británico de Comercio e Industria, Stephen Byers, que media ente las partes para facilitar el consenso.
Mientras comienzan unas conversaciones que prometen ser decisivas, una serie de conjeturas periodísticas arrojaban hoy más confusión al caso "Rover".
El banco británico Abbey National tuvo que desmentir a primeras horas de la mañana que vaya a ayudar a Phoenix con una inyección de 800 millones de dólares para impulsar su oferta, tal y como asegura el dominical "The Sunday Times".
Un portavoz de la entidad bancaria calificó la noticia de "mentira absoluta" y dijo que "no tiene sentido" ese apoyo que suscribe el rotativo.
No es un asunto baladí el aspecto financiero, pues Phoenix cuenta con menos de cuatro semanas para conseguir el apoyo necesario para alcanzar los 1.920 millones que precisa el proyecto de viabilidad para rescatar a Rover.
La presión no puede alcanzar cotas más altas tras la advertencia de BMW de que, si no vende su brazo deficitario en las próximas semanas, cerrará la fábrica de Longbridge (centro de Inglaterra), la más grande del país y de la que viven miles de familias.
"BMW ha dicho que quiere una solución a finales de mayo, lo que nos deja bien claro que no tenemos mucho tiempo", admitió un portavoz de Phoenix.
El secretario general del sindicato TUC, John Monks, ha instado al Gobierno británico a aportar el dinero para evitar la desaparición del grupo automovilístico.
"El Ejecutivo se mostró dispuesto a ofrecer dinero a BMW para el desarrollo de la planta de Longbridge y creo que ahora debería mostrar la misma actitud para ofrecer financiación a Phoenix", afirmó Monks a la cadena GMTV.
Esta sucesión de luces y sombras en el destino de Rover se vio también avivado por la portada del periódico británico The Observer, que habla de unos "planes secretos" de BMW para trasladar la producción del modelo Mini, con la que se ha quedado la firma germana, a Alemania y cerrar la planta de Cowley (sudeste de Inglaterra), donde iba a fabricarse el popular vehículo.
Y surgió un nuevo desmentido.El portavoz de BMW Axel Obermuller insistió en que la producción del modelo Mini no saldrá del Reino Unido.
"He escuchado tantos rumores en las últimas dos horas.No sé de dónde proceden.Es una gran tontería.Nunca ha sido nuestra intención llevarnos el Mini de Cowley a otro lugar", precisó Obermuller a la emisora BBC Radio Five Live.
Al margen estas conjeturas, la verdad sobre el futuro de Rover puede conocerse esta semana cuando se inicien las negociaciones en Munich, a donde planean viajar los líderes sindicales que representan a los trabajadores de Rover para presionar al gigante alemán.
El "culebrón" sobre el futuro de la marca automovilística comenzó el pasado 14 de mayo, cuando BMW anunció que iba a dividir el grupo británico y deshacerse de la mayor parte.
BMW, que compró Rover hace seis años, pretendía la venta de la división de vehículos todoterreno del grupo a su rival Ford, quedarse con la lucrativa planta de Cowley y deshacerse del resto.
El año pasado las pérdidas de Rover se elevaron a más de 1.280 millones de dólares.