Tailandia, que arrastró hace una década a la región asiática hacía una crisis financiera sin precedentes, llamó ayer a esos países a no bajar la guardia para evitar un nuevo desplome de las divisas.
"Es importante que no confiemos en que una crisis como aquella nunca vuelva a pasar", dijo el ministro de Finanzas tailandés, Chalongphob Sussangkarn, durante la conferencia celebrada en Manila con motivo del décimo aniversario de la crisis.
El ministro reconoció que la crisis ha aportado muchas lecciones que han servido para la recuperación económica de la región, pero advirtió de que aún existen espacios vulnerables.
"Las políticas adoptadas han fortalecido a las instituciones económicas y las han hecho más inmunes al riesgo.Sin embargo, permanecen importantes fuentes de vulnerabilidad y los gobiernos de la región necesitan seguir de cerca la dirección de las variables macrofinancieras", señaló.
Por su parte, Haruhiko Kuroda, presidente del Banco Asiático de Desarrollo (BAD), destacó que las medidas adoptadas para superar la crisis han certificado la importancia de la fórmula basada en la cooperación e integración regional.
"El entorno económico global, las líneas fronterizas de producción y los avances en tecnología de información ayudaron a los líderes a reconocer la necesidad de trabajar juntos para mejorar la resistencias a potenciales crisis", declaró Kuroda.
Según el BAD, cuya sede está en Manila, los desafíos al que ahora se enfrentan las economías asiáticas son el masivo flujo de capitales, contrariamente a los sucedido en 1997, dirigidos a una especulación cuyo impacto es ya evidente en muchas monedas regionales.
Los participantes en "Asia is Moving Forward: Ten Years After the Crisis", el nombre de la conferencia que desde ayer reúne a unos 300 representantes económicos asiáticos, concluyeron que la región ha avanzado mucho desde entonces, como lo atestiguan los indicadores de crecimiento social.