Panamá posee un sistema bancario que a junio de este año tenía activos por 54,131 millones de dólares, y que presenta un crecimiento sostenido, con una clientela que crece año tras año, lo que hace imperante que camine de mano con la tecnología para agilizar sus procesos.
Por otra parte, el Índice de Competitividad Global (IGC) 2010-2011, del Foro Económico Mundial (FEM), le otorga una buena puntuación a Panamá y la ubica como la segunda mejor economía de Latinoamérica por el desarrollo en materia de sofisticación del mercado financiero, pilar en el que se posiciona como 21 del mundo.
Otros de los aspectos, en los que Panamá sobresale dentro del índice, en la medición del pilar de sofisticación del mercado financiero son: la factibilidad a los servicios financieros (4), La facilidad de acceso a los préstamos (15) y La disponibilidad dem servicios financieros (11).
Todo esto acrecenta el compromiso de fortalecer las herramientas tecnológicas necesarias y seguras para los usuarios que día tras días son más dependientes de la banca en línea, entre otros instrumentos que ofrece la red.
La tecnología bien implementada se convierte en una aliada de alta utilidad, pero debe estar basada en normas de seguridad y sobretodo para transacciones financieras, donde clientes bancarios mueven desde uno hasta millones de dólares.
Panamá debe caminar al ritmo del mundo, pero siempre ofreciendo solidez en sus planes y la banca panameña no escapa de este compromiso, pues se lo debe a sus clientes.