Existe un consenso casi absoluto entre los expertos en cuanto al papel fundamental que juegan la innovación y la tecnología como pilares para el desarrollo. Y es que la Revolución Industrial (que se inició a mediados del siglo XIX) constituyó el factor fundamental para el crecimiento ulterior de los países que hoy son ricos.
Igualmente, su ausencia fue un elemento clave en el nivel de atraso de los países más pobres que se vieron imposibilitados para desarrollar y aplicar innovación y tecnología.
Sin embargo, la realidad de hoy sugiere que si bien la innovación reviste gran importancia para los países en vía de desarrollo, esta debe fomentarse a la luz de consideraciones y objetivos particulares de cada país y acorde con sus respectivos niveles de desarrollo.
Esto en vista de que, en primer lugar, la innovación tecnológica concebida como lo hacen los países ricos (tecnología de punta) conlleva un altísimo costo que prospera sobre la base de avanzado nivel científico del que carecen los nuestros. Además, esos países son más intensivos en capital, por ejemplo, y requieren por ende otras tecnologías diferentes a los nuestros, que son más intensivos en mano de obra.
Sin menoscabo de la necesidad de fomentar el desarrollo tecnológico para el provecho de las empresas y consorcios que operan en países menos desarrollados, hay una necesidad sentida de que esta innovación contribuya a una transformación en el plano social de modo que signifique un impacto directo en la reducción de la pobreza y la inequidad.
De hecho, buena parte de la tecnología que se desarrolla en los países ricos no tiene aplicabilidad directa en los nuestros. Resulta necesario desarrollar políticas de innovación que contribuyen por un lado a mejorar la eficiencia y productividad, pero que sobre todo impliquen un impacto en la población de menor ingreso.
Por ejemplo, en la India, en la década de los sesenta, se introdujo la llamada Revolución Verde, que se basó en la utilización de semillas mejoradas, uso más eficiente de pesticidas y abonos, todo lo cual redujo dramáticamente la hambruna.
Obviamente que estas iniciativas germinan mediante políticas que incluyen entre otros el mejoramiento de la educación vocacional, enfocada sobre todo en la población adulta. En segundo lugar, a través de cooperación técnica internacional, así como el desarrollo de redes comunitarias, aunado a programas de facilitación de financiamiento y emprendedurismo.
Hay casos de formidable éxito en cuanto aplicar innovación a problemas tan fundamentales como agua potable, salud o desnutrición, que se traduce en un aumento en la productividad y casi de manera inmediata en un mejoramiento de las condiciones sociales.
Algunos ejemplo de invenciones de bajos costos y alto impacto son el “rocket stove” que consiste básicamente en una cámara de combustión de muy fácil ensamblaje, que hace las veces de cocina, muy utilizada en áreas rurales y permite una optimización en el uso de combustible, bien sea este madera o hierba seca, lo cual disminuye dramáticamente la presión sobre los recursos naturales.
Otro ha sido el filtro tipo “carrizo”, que constituye una especie de destilador para que las personas puedan tomar agua directamente de cualquier fuente, eliminando gérmenes y bacterias.
En el caso de Panamá, hay oportunidad para potencial de innovación, especialmente en las áreas rurales a efecto de mejorar la producción agrícola, lo cual requeriría, además de todas las políticas señaladas, una estrecha cooperación entre las entidades y la comunidad de productores.