D e golpe y porrazo, por la friolera de $7.5 mil millones, la Autoridad de Inversiones de Abu Dhabi se convirtió en principal accionista del Citigroup, el grupo bancario estadounidense más grande del mundo por el valor de sus activos.
Todo ello, que es “nada” comparado con lo que veremos adelante, proviene del gigantesco negocio del petróleo, dominante en el último siglo, que ahora está en alguna parte máxima de su curva vital y que, originado en un producto no renovable, pronto iniciará su caída extintora. Algunos consideran que el fin de la historia petrolera está para dentro de 20 o 40 años. ¡No es mucho tiempo!
Entretanto, casi diariamente, vemos cómo los crecientes precios del petróleo han logrado que, por ejemplo, las seis naciones del Consejo de Cooperación del Golfo [Pérsico]( GCC por sus siglas en inglés ) – Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, y los Emiratos Árabes Unidos— sean protagonistas principales en el escenario financiero mundial.
Una investigación reciente del Instituto Global McKinsey nos dice que a un precio de $70 por barril las ganancias por exportaciones petroleras del Golfo agregarán hasta la inimaginable suma de $6 millones de billones en los próximos 14 años ( Trillones en inglés. Se expresa por la unidad seguida de 18 ceros: 6.000.000.000.000.000.000 ). A $100 el barril, esas ganancias crecerán a casi $9 millones de billones. [McKinsey Global Institute. “The Coming Oil Windfall in the Gulf”. Enero del 2008. San Francisco, California, Estados Unidos. www.mckinsey.com/mgi ]
Adinerada dificultad. Las naciones del Golfo Pérsico son países pequeños pero deben colocar colectiva y semanalmente alrededor de $5 mil millones de sus ganancias. “Y esto no es fácil”, dice Steve R. Weisman en el The New York Times. Expertos estiman que las ricas naciones petroleras tienen inversiones en el mundo por aproximadamente $4 millones de billones.
En medio de todo, muchos inversionistas petroleros están preocupados por la potencial reacción política en los Estados Unidos. Recuerdan el desatino que emergió el año pasado cuando Dubai trató de adquirir una compañía que opera puertos estadounidenses.
La preocupación en Estados Unidos, y en Europa, radica en que los fondos de inversión controlados por los gobiernos – en el Golfo Pérsico o en cualquier otra parte del globo, como China o ¡Venezuela!, por ejemplo— pudieran ser usados eventualmente, y gracias a su gigantescas proporciones, con propósitos políticos. Más que eso, con criminales intenciones “terroristas”.
Por ello economistas y políticos han solicitado la creación de normas que requieran transparencia. Pero el tema es complejo, se argumenta, porque ¿debieran ser divulgadas las cantidades y orígenes de las inversiones al mundo entero o solo a los gobiernos involucrados, a los accionistas o a un grupo selecto de miembros del mercado de capitales?
En Estados Unidos, por cierto, los bonos del Tesoro ya están sujetos a ciertos niveles de transparencia. Este punto de la transparencia es importante, en cuanto a “fondos soberanos” se refiere, porque se calcula que tres cuartas partes de las reservas petroleras del mundo – el 77%-- están en manos de compañías estatales, sin propiedad privada alguna y que hay 13 compañías petroleras estatales con más reservas que la Exxon Mobil, la más grande petrolera multinacional.
Y la tendencia continuará en razón de que los depósitos se están extinguiendo en los países ricos-porque han extraído y gastado más rápidamente sus depósitos-ahora las mayores reservas están en naciones subdesarrolladas, donde la industria es propiedad estatal.