La integración de Turquía, pobre, con población en su mayoría musulmana y una demografía floreciente, constituiría para la Unión Europea (UE) una revolución tanto política como económica, pero también cultural, y tendría repercusiones en la problemática de las fronteras de Europa.
Ante todo sería una revolución política con la llegada de un nuevo peso pesado, de tamaño comparable en población al país de la UE más poblado actualmente: Alemania.
Con una previsión de 73 millones de habitantes para el 2005, Turquía tiene por sí sola tanta población como los diez países juntos que acaban de adherirse a la UE el 1 de mayo.
Según la ONU, superará los 82 millones de habitantes en el 2015, o sea el equivalente a la población actual de Alemania, que por el contrario cuenta con una demografía estancada.
El 2015 suele ser citado como el año de la posible adhesión de Turquía, siempre que los dirigentes europeos autoricen en diciembre la apertura de negociaciones en ese sentido.
Si se ratificara la nueva Constitución europea, Turquía dispondría de un peso equivalente al de Alemania en la votación en el Consejo de ministros europeos, y mayor que el de los otros países importantes de la Unión, como Francia y Gran Bretaña.
En el ámbito económico, Turquía tiene que ponerse al día, ya que el sector de la agricultura está muy atrasado.
La economía Turquía mejoró mucho desde el 2002.
El Producto Interior Bruto (PIB) por habitante es actualmente algo superior a la cuarta parte (6,256 euros) del de la UE ampliada (22,278). Turquía se beneficiaría de buena parte de los fondos de la Unión, sobre todo a través de su Política Agrícola Común (PAC), que incluye ayudas al desarrollo regional.
El comisario europeo de Agricultura, Franz Fischler, considera que la agricultura turca necesita cada año inversiones por valor de 11.3 millardos de euros.
Según una fuente europea, Turquía necesita diez millardos de euros anuales en concepto de ayuda al desarrollo regional. Pero una posible adhesión de Turquía invita a la Unión a cuestionarse su futuro y la delimitación de sus fronteras.
Su religión no se ajusta a los criterios exigidos por la UE, pero el hecho de que un país de régimen laico y población musulmana en su 99% pueda adherirse trastoca las perspectivas geopolíticas de la Unión.
Temor por unión de Turquía a la UE
La posible adhesión del país constituye una revolución para la Unión Europea