Sin entrar en detalles de cada uno, los planes de todos los países, incluidos los cambios recientes en Estados Unidos, se basan, con mayor o menor grado, en varios principios.
El primero es la protección de los depositantes (en algunos países garantizando la totalidad de los depósitos, o incluso de más pasivos).
En segundo lugar, medidas para proveer de liquidez a las entidades financieras para que liberen recursos y puedan seguir operando con el sector real (en algunos casos a través de bancos centrales, y en otros casos a través del gobierno directamente).
En tercer lugar, otorgando una garantía estatal a la deuda nueva emitida por las entidades financieras (a cambio de una comisión, claro está).
Y en cuarto lugar, en un movimiento que no han seguido todos los países, pero si muchos, a través de programas de inyección de capital público en los bancos (primordialmente a través de acciones preferentes).
Y las cantidades han sido bien grandes en todos los países: EEUU, Alemania, Francia, España, Italia, etc. Y están encontrando eco en países asiáticos.
Estamos en un momento de cambio del sistema financiero y la manera cómo se gestione la situación actual es clave.
Conseguir un punto de inflexión, haciendo ganar confianza a los agentes en el mercado es el objetivo más importante.
El papel de las autoridades económicas debe ir orientado a conseguirlo.
Y las medidas tomadas, en gran medida de carácter global, apuntan poderosamente en esta dirección.
Es esperanzador ver la reacción reciente de las autoridades.
En términos económicos, los peores escenarios todavía se pueden evitar si los planes ya aprobados se implementan bien.
Recuperar la confianza de los agentes es la condición de corto plazo necesaria para avanzar hacia una resolución eficiente de la crisis financiera global.
Y, ahora sí, creo que vamos por buen camino, aunque no se solucionen los problemas rápidamente y aunque se prevea problemas e inquietudes regulatorias , con los que se debe tener cuidado, y que habrán de solucionarse en el futuro.