Un descenso del 5.3 por ciento en la bolsa de Tokio marcó la pauta bajista en las bolsas asiáticas que, con excepción de la de Bangkok, se contagiaron del pesimismo inversor que recorre los mercados mundiales.
El índice Nikkei de Tokio abandonó el jueves la barrera sicológica de los 9,000 puntos al cierre por primera vez desde agosto de 1983, y terminó la semana en 9,027.55 puntos.
A la pérdida semanal de más de quinientos enteros, contribuyó en gran parte el temor a las consecuencias en la economía de las nuevas medidas que un comité oficial para sanear la banca redactará en las próximas semanas.
La posibilidad de que el Gobierno japonés decida liquidar las montañas de créditos incobrables que acumulan los bancos desde hace una década con medidas drásticas que ocasionen quiebras empresariales y aceleren el desempleo y, a su vez, la deflación, fue un factor determinante en la caída.
Aunque algunos analistas indicaron que una acción revulsiva es precisamente lo que han estado esperando economistas e inversores durante años, su anuncio coincide con la incertidumbre por la economía estadounidense, el principal mercado de los exportadores nipones.
Para la próxima semana, la tendencia bajista no tendrá variación y, según el consenso de los expertos, el Nikkei puede bajar hasta los 8,600 puntos.
En el Sudeste de Asia, el viernes se registraron resultados mixtos debido a factores locales como la euforia compradora de valores de telecomunicaciones e inmobiliarias en la bolsa de Bangkok, en Tailandia, donde además del alza que dejó al índice SET en los 340.92 puntos, se registró un aumento semanal del 0.6 por ciento.
En los demás mercados la caza de oportunidades animó las negociaciones pero no los suficiente como para impedir el descenso semanal del 0.4 por ciento del índice Straits Times de la bolsa de Singapur, que cerró en 1,367.57 puntos.