Hablar de trabajo infantil y adolescente en Panamá es, según las cifras de la Contraloría General de la República al 2010, destacar que 60,702 menores están ocupados, y de estos, 56.8% trabaja con algún familiar.
Esta cantidad, para las organizaciones de corte social, especialistas e, incluso, el sector privado agremiado, refleja que la lucha para erradicar el trabajo infantil y adolescente hay que enfatizarla en concienciar a los tutores de los menores.
La conclusión se deja entrever en la Encuesta de Trabajo Infantil del 2010 que realizó la Contraloría, General que reveló que un 74.4% de los padres o tutores de los niños y adolescentes que trabajan en el país, piensa que “no pasaría nada si estos dejasen de trabajar”, y además, un 57.2% destacó que los menores ocupados no estaban recibiendo remuneración por su labor.
En opinión de Gaspar García De Paredes, ex presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), el trabajo de los adolescentes no debe prevalecer en ningún caso a los estudios que deben realizar en esa etapa de sus vidas o a las actividades de recreación propias de su edad, como el deporte.
“El joven puede tener un empleo en sus vacaciones, sin que afecte su esparcimiento, si es que este está de acuerdo. También se da que estos quieren ayudar a sus padres, pero estos deben priorizar que primero son sus estudios y lo propio de su edad”, planteó el empresario García De Paredes.
En el sector más formal, de los 60,702 niños y jóvenes entre 5 a 17 años que están trabajando, además del 56.8% que lo hacen con familiares, un 23.5% lo hace como empleado y un 19.7% trabaja por cuenta propia.
Respecto al 23.5% de los menores que trabajan como empleados, la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, indicó que “el trabajo infantil es totalmente condenable y que los niños deben aprestarse a su formación”.
En tanto, en el caso de los adolescentes, lo que es aprobable es la tutoría, “en programas como padrinos empresarios, que apoyan a estudiantes en los últimos años de colegio para que experimenten la vida laboral, lo que es parte de su formación”, reiteró Fernando Arango, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá.
En la práctica, y pese a la voluntad de los gremios entre los menores que son empleados, un 49.2% devenga un salario de menos de B/100 al mes y el 13.5% trabaja 40 y hasta más horas, es decir, el equivalente a un adulto.
Para Paulina Franceschi, coordinadora del Informe Nacional de Desarrollo Humano, “el sector empresarial agremiado no debe descansar en su lucha por devolver a todos los niños y los jóvenes a las aulas, ya sea impulsado programas de responsabilidad social empresarial que apoyen a los menores, que buscan de una u otra forma, estos ingresos extras”.
En la opinión de Yariela Gallegos, directora administrativa del Patronato Nacional de Nutrición, programas como la “Beca universal” y el “Bono de ayuda a las familias de pobreza extrema” están contribuyendo a mantener a los menores lejos de los trabajos.
Sin embargo, también hizo la reflexión de que en las áreas cafetaleras los niños y jóvenes se desplazan con sus familias a la hora de la cosecha, y los menores, al tener la mano más delicada, los convierten en trabajadores eficientes al tomar el café de la planta.
“Es algo cultural con los indígenas, toda la familia va, si no, dónde dejarían a los niños. Lo malo es que los padres los sometan a la explotación y los alejen de los estudios, hay que cuidar que no se dé”, describió Gallegos, conocedora en temas sociales.
Un 74% de los niños y jóvenes que trabajan si son varones lo hacen en la agricultura; y un 68.7% de las mujeres, son trabajadoras domésticas, al 2010.