- Hay empleos que generan efectos adicionales considerables en términos de productividad, cuya desaparición en gran número puede redundar en la existencia de ciudades fantasmas y regiones deprimidas.
Productividad y calidad
E n un estudio del Banco Mundial se analiza qué está primero: ¿Conocimientos o puestos de trabajo?
La respuesta convencional indica que la inversión en los conocimientos redundará en la creación de empleo y el aumento de la productividad y la renta del trabajo. Las elevadas tasas de desempleo y la disparidad entre las competencias disponibles y las necesidades en el mercado de trabajo suelen atribuirse a deficiencias en los sistemas de educación y capacitación. Pero en realidad pueden deberse a distorsiones del mercado que envían las señales equivocadas al sistema de educación o redundan en la falta de dinamismo de las empresas privadas. En dichas situaciones, las inversiones de gran escala en los sistemas de capacitación y entrenamiento, como las observadas en muchas partes del mundo, pueden producir resultados decepcionantes si no se concretan los efectos directos deseados de los empleos.
Para el empleo productivo es necesario contar con un conjunto de aptitudes básicas, tanto cognitivas como sociales, que no pueden adquirirse en el trabajo.
Sin esos conocimientos genéricos, son pocas las posibilidades de aumentar las oportunidades de empleo y los ingresos.
Los conocimientos también son cruciales para que los países avancen en la escala de valor agregado, ya que pueden generar innovaciones, reportar los beneficios del aprendizaje mutuo y, por lo tanto, redundar por sí mismos en la creación de empleo.
Pero a la vez el trabajo puede dar lugar a mucho aprendizaje: las oportunidades de empleo pueden configurar aptitudes sociales y generar demanda de educación y capacitación.
El aprendizaje en el empleo redunda en un aumento considerable de los ingresos en muchos entornos, y el rendimiento de un año de experiencia laboral equivale a alrededor de la tercera parte o la mitad del rendimiento de un año adicional de escolaridad.
Otro de los temas que se abordan en el estudio es sobre la competencia por los empleos. La respuesta convencional indica que el número de empleos no es finito, de modo que las políticas de empleo de un país no pueden ser perjudiciales para otros países.
De hecho, de mediano a largo plazo, el empleo total está determinado aproximadamente por el tamaño de la fuerza laboral. Sin embargo, las políticas pueden alterar el comercio internacional y los flujos de inversiones y migración, lo que afecta la composición del empleo.
Existe la preocupación de que la proporción de empleos beneficiosos para el desarrollo disminuya en un país a medida que aumenta en otro.
Las políticas orientadas a captar una proporción mundial mayor de los empleos que tienen mayores efectos productivos adicionales pueden reducir el bienestar en el exterior, aun cuando aumente el bienestar mundial.
Sin embargo, no todos los esfuerzos por respaldar la creación de empleo equivalen a políticas de empobrecimiento del vecino. Que lo sean depende del tipo de instrumentos utilizados y de la naturaleza de los efectos adicionales derivados de los empleos.
Las políticas destinadas a aumentar el respeto de los derechos, enjuiciar el trabajo forzoso y formas perjudiciales de trabajo infantil equivalen a proporcionar un bien público mundial.
Por otra parte, las políticas que tienen por objeto recoger los beneficios de las externalidades productivas pueden repercutir negativamente en otros países, especialmente cuando socavan un sistema de comercio abierto y no se ajustan a la ventaja comparativa dinámica del país.
¿Proteger a los trabajadores o proteger el empleo?, es otra de las preguntas que se exponen. La respuesta convencional dice que son preferibles las políticas que protegen a las personas, porque mitigan la baja del nivel de bienestar al tiempo que permiten la redistribución de la mano de obra y, por ende, respaldan el proceso de destrucción creativa.