Parece haber empezado a funcionar en Panamá el refrán que dice: "a falta de pan, buenas son las tortas".
Y es que a pesar de que en el país aún no existe en museo marino o un acuario, como el que espera construir Frank Gehry en la Calzada de Amador, dentro de poco tiempo se podrá apreciar la primera exhibición del esqueleto de una ballena, cuyo cuerpo llegó a orillas panameñas en forma algo trágica para el cetáceo.
La exhibición se montará al aire libre en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en Isla Galeta, por lo que en la actualidad un grupo de pro-rescate integrado por biólogos, estudiantes becarios y otros colaboradores limpian los huesos para luego emprender el trabajo de ensamblaje.
El rescate no fue fácil por el simple hecho de no estar planificado; el cuerpo ya estaba en estado avanzado de descomposición, pero, aún en este escenario, se encontró una alternativa de uso para la osamenta que, en unos cuantos meses, atraerá a muchos turistas y visitantes que acudan a Isla Galeta.
Se trata de la misma ballena que en abril chocó con un barco en la entrada del Canal de Panamá, en el área de Cristóbal, en la provincia de Colón.
La ballena de 40 pies de largo fue golpeada por la hélice de un barco que entraba a la vía interoceánica, y una vez suscitado el accidente, se decidió remolcar el cetáceo hasta alta mar, pero el oleaje la trajo de vuelta al sector de Aguas Calientes cerca de Bahía Las Minas.
Los trabajadores de Refinería Panamá S.A. avisaron al Smithsonian y es entonces cuando la institución decidió emprender el rescate de los restos de la colisionada ballena.
Se realizó la primera inspección de reconocimiento, y la coordinadora del rescate, Inez Campbell, decidió recoger los huesos del animal.
Lamentablemente, al momento de recolectarlos, faltaban algunas vértebras porque los moradores del lugar prefirieron tomarlas de recuerdo. Campbell asegura que los expertos en el tema completarán el esqueleto con algunas réplicas para hacer lo más real posible la exhibición.
En plena faena de limpieza indicó que el primer paso es quitar la piel adherida a los huesos. El trabajo es complejo, nada aromático, pero para este equipo de biólogos es simplemente fascinante.
Se cepillan los huesos y las cerdas filtradoras y, una vez concluido el proceso de limpieza, estudiarán minuciosamente la composición ósea del animal para luego armarlo.
La ballena es de la familia de las balaenoptera edemi, habita en los 30 grados latitud norte y sur, dentro de los trópicos y se caracteriza por ser juguetona y acercarse mucho a su presa, por lo que se presume que en ese momento fue golpeada por la hélice.
Por el momento en el inventario previo se pudo detectar costillas, vértebras, huesos cervicales y el cráneo íntegro.
Campbell indicó que el cráneo puede conservarse en buen estado al aire libre y los filtradores en una solución salina.
Pero lo más importante es que, una vez montado el esqueleto, cada visitante conocerá la historia de las ballenas que merodean por aguas tropicales y su importancia en el ecosistema marino. Una nueva, aunque dramática, experiencia se suma al naciente ecoturismo panameño.